Alfie Arellano
Poeta recién llegado
Ayer pude besarte de nuevo
como el sol a la tierra en el ocaso.
Ayer latió mi corazón, fue fuego
y tú el calor que caía a pedazos.
Ayer dejé triste y vacía a mi cripta,
me envolví entre telarañas,
entre recuerdos que agonizan,
entre alegrías escarpadas.
Ayer vi de nuevo colores;
sentí que valía la pena
pasar austeros y viejos dolores,
que provocas con tus labio
de malas intenciones.
Ayer recordé que tus besos, fugaces,
son dagas, son armas todas blancas.
Ayer recordé que yo soy heridas,
las de cada hombre, las de los mortales.
Ayer, mi melancolia, se apoderó
de mi boca, llenando la tuya de amor,
¡de amor impío!, amor que en nosotros,
se encerró.
El ayer, trémulo y pobre, pasó;
y como pasó el ayer, mi vida también;
hoy vuelvo a morir, cadáver sin ilusión.
Y vuelvo, vida mía, a ser repugnante
y a pensar en ti, cosa que no me hace bien.
Pasó el ayer y mi muerte vino de nuevo
a poder hablar con mi alma;
a callar las alas para que no levanten el vuelo.
Y me quedé en ese ayer para tener calma.
como el sol a la tierra en el ocaso.
Ayer latió mi corazón, fue fuego
y tú el calor que caía a pedazos.
Ayer dejé triste y vacía a mi cripta,
me envolví entre telarañas,
entre recuerdos que agonizan,
entre alegrías escarpadas.
Ayer vi de nuevo colores;
sentí que valía la pena
pasar austeros y viejos dolores,
que provocas con tus labio
de malas intenciones.
Ayer recordé que tus besos, fugaces,
son dagas, son armas todas blancas.
Ayer recordé que yo soy heridas,
las de cada hombre, las de los mortales.
Ayer, mi melancolia, se apoderó
de mi boca, llenando la tuya de amor,
¡de amor impío!, amor que en nosotros,
se encerró.
El ayer, trémulo y pobre, pasó;
y como pasó el ayer, mi vida también;
hoy vuelvo a morir, cadáver sin ilusión.
Y vuelvo, vida mía, a ser repugnante
y a pensar en ti, cosa que no me hace bien.
Pasó el ayer y mi muerte vino de nuevo
a poder hablar con mi alma;
a callar las alas para que no levanten el vuelo.
Y me quedé en ese ayer para tener calma.