Un excelente soneto, Vicente; la verdad es que es una delicia leerte; en este poema usas figuras de una fuerte calidad poética para expresar la pasión amorosa no desdeñando incluso citas a personajes míticos en el último terceto como Electra o la diosa Vesta, en mi opinión muy bien traídas. Todo el poema va en un "increscendo" fogoso hasta culminar en ese magnífico último verso :
"ardiente brasa o tempestad violenta"
Una vez más me he quedado maravillado con tu buena poesía, amigo.
Mi felicitación más sincera.
Abrazo.
Con amigos como tú, Juan Ramón, sobran evaluaciones académicas al uso.
Creo que el Arte en general y la Literatura en particular, es una actividad tendente a provocar emociones en el ser humano, pero de difícil tasación objetiva. Una obra artística está sometida a tantas variables subjetivas que inevitablemente depende de la sensibildad de cada cual. ¿Se puede medir el placer? Pondré un estrambótico ejemplo: imaginemos que la capacidad de conmocción artística cupiera en una probeta. Imaginemos también que alguien, ante
las Meninas sintiera una exaltación que la colmara al cien por cien.
Seguro que si se vertiera ese contenido en otra probeta de doble tamaño, el contenido de placer quedaría reducido a la mitad de su alcance.
Quiero decir que para la percepción del impacto de lo hermoso, cada uno tiene "su propio recipiente"pudiendo darse la aparente contradicción de que el primer individuo percibiera la totalidad del Arte y el segundo no alcanzara tanto deleite. La paradoja estriba en que este "absorbe" mucho más Arte que el el otro, dada su mayor sensibilidad o predisposición hacia él. Algo así como el síndrome de Stendhal.
Por eso nos encontramos a veces con personas que al salir de una película salen entusiamadas (han colmado su probeta) y otras la consideran floja. A estos, en muchas ocasiones, no es que le parezca especialmente mala (coinciden en la misma senda hacia la belleza que los otros), solo que "les cabe más".
Conclusión: nunca conoceremos del todo el tamaño del cántaro en el que un artista ha dimensionado su obra.
Y ahora me pregunto: ¿tanto tubo de ensayo para explicar algo tan evidente? Disculpa, Juan Ramón, el fárrago chambón. Hay días en que uno no está pa ná.
Por cierto, no creo que mi soneto necesitara mayor envergadura que las exiguas proporciones de un cubilete de chupitos. Lo sé porque creo recordar que lo escribí en un restaurante al socaire de un pacharán fresquito y reparador.
Por supuesto, toda mi gratitud por tus siempre cultas consideraciones.
Un abrazo.