Duelo

QUINSONNAS

Poeta fiel al portal




Duelo_pistola.jpg




Oyéndose una música barroca
comienza este compás de sarabanda
llevando a dos rivales a una fosa
destino hacia un olvido entre la nada.


Su encuentro lo conciertan a deshoras
citándose inclusive antes del alba
en medio de un paisaje en donde asoman
carentes de padrinos y miradas.


La vida allí se juegan y se inmolan
aquellos que caminan hoy de espaldas
retándose en un duelo dos personas
al límite llevando un cara a cara.


Solemnes son sus poses y sus formas
tan sólo entre la niebla bosquejadas
y absortos de una lluvia que les roza
se observan en la húmeda mañana.


Sus últimos diez pasos los ahogan
sujetos al gatillo con que avanzan
envueltos de ese ambiente en el que notan
sonar alrededor la sarabanda.


Rogándoles, en vano, les implora
que calmen el enojo que desatan
queriendo desecharlo sin que escojan
sus crónicas de muertes anunciadas.


Esclavos del orgullo que pregonan
esquivan su pavor a rajatabla
y erguidos e insolentes se malogran
en pos de continuar su mascarada.


Sufriendo ante la angustia que soportan
sus almas por doquier se resquebrajan
y turbias de sudor se desmoronan
al ver la estupidez de su desgracia.


Hablándose ellos mismos se dialogan
al tiempo que su rostro desencajan
enfrente de esa cuenta en que demoran
contar del uno al diez y ver que pasa.


En balde allí comprenden y razonan
llegados al momento en que disparan
un punto sin retorno entre pistolas
gritándole a la muerte con sus balas.


Retumban a la par aterradoras
y fieras a sus cuerpos los desgarran
sonando nuevamente con sus notas
sin público, esta vez, la sarabanda.





 
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Duelo_pistola.jpg




Oyéndose una música barroca
comienza este compás de sarabanda
llevando a dos rivales a una fosa
destino hacia un olvido entre la nada.

Su encuentro lo conciertan a deshoras
citándose inclusive antes del alba
en medio de un paisaje en donde asoman
carentes de padrinos y miradas.

La vida allí se juegan y se inmolan
aquellos que caminan hoy de espaldas
retándose en un duelo dos personas
al límite llevando un cara a cara.

Solemnes son sus poses y sus formas
tan sólo entre la niebla bosquejadas
y envueltos de una lluvia que les roza
se observan en la húmeda mañana.

Sus últimos diez pasos los ahogan
sujetos al gatillo con que avanzan
envueltos de ese ambiente en el que notan
sonar alrededor la sarabanda.

Rogándoles, en vano, les implora
que calmen el enojo que desatan
queriendo desecharlo sin que escojan
sus crónicas de muertes anunciadas.

Esclavos del orgullo que pregonan
esquivan su pavor a rajatabla
y erguidos e insolentes se malogran
en pos de continuar su mascarada.

Sufriendo ante la angustia que soportan
sus almas por doquier se resquebrajan
y turbias de sudor se desmoronan
al ver la estupidez de su desgracia.

Hablándose ellos mismos se dialogan
al tiempo que su rostro desencajan
llegados a esa cuenta en que demoran
contar del uno al diez y ver que pasa.

En balde allí comprenden y razonan
llegados al momento en que disparan
un punto sin retorno entre pistolas
gritándole a la muerte con sus balas.

Retumban a la par aterradoras
y fieras a sus cuerpos los desgarran
sonando nuevamente con sus notas
sin público, esta vez, la sarabanda.


Un magnífico poema nos dejas, aquellos tiempos donde las cosas se arreglaban a duelo, no sé el punto del poema, pero el ritmo de sarabanda me suena espectacular, grato leerle de nuevo compañero, saludos cordiales
 



Duelo_pistola.jpg




Oyéndose una música barroca
comienza este compás de sarabanda
llevando a dos rivales a una fosa
destino hacia un olvido entre la nada.


Su encuentro lo conciertan a deshoras
citándose inclusive antes del alba
en medio de un paisaje en donde asoman
carentes de padrinos y miradas.


La vida allí se juegan y se inmolan
aquellos que caminan hoy de espaldas
retándose en un duelo dos personas
al límite llevando un cara a cara.


Solemnes son sus poses y sus formas
tan sólo entre la niebla bosquejadas
y absortos de una lluvia que les roza
se observan en la húmeda mañana.


Sus últimos diez pasos los ahogan
sujetos al gatillo con que avanzan
envueltos de ese ambiente en el que notan
sonar alrededor la sarabanda.


Rogándoles, en vano, les implora
que calmen el enojo que desatan
queriendo desecharlo sin que escojan
sus crónicas de muertes anunciadas.


Esclavos del orgullo que pregonan
esquivan su pavor a rajatabla
y erguidos e insolentes se malogran
en pos de continuar su mascarada.


Sufriendo ante la angustia que soportan
sus almas por doquier se resquebrajan
y turbias de sudor se desmoronan
al ver la estupidez de su desgracia.


Hablándose ellos mismos se dialogan
al tiempo que su rostro desencajan
enfrente de esa cuenta en que demoran
contar del uno al diez y ver que pasa.


En balde allí comprenden y razonan
llegados al momento en que disparan
un punto sin retorno entre pistolas
gritándole a la muerte con sus balas.


Retumban a la par aterradoras
y fieras a sus cuerpos los desgarran
sonando nuevamente con sus notas
sin público, esta vez, la sarabanda.






Soberbio poema relatando la realidad de aquellos duelos entre caballeros que heridos de muerte comprendían la estupidez de aquel reto.
Verdadero placer disfrutar de tus letras.
Saludos cordiales
 

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