¿Alguna vez te haz querido tragar el mar que hay frente de ti?

marquelo

Negrito villero


¿Alguna vez te haz querido tragar el mar que hay frente de ti?
Lo pensaste
cuando te emborrachaste con ese licor fragante que tienen todos los senos
a la deriva,
y pensaste que lo mejor era ponerte firme y envalentonar a la lágrima
que ya se hacía costra frente al mar
decidiste tragártelo,
reventar de amor de una vez por todas
y dinamitar toda esa sangre que se prendió con ella
y lo hiciste moviendo la cabeza de aquí para allá
como una luz como un mundo añejo de pies descalzos
sin embargo te detuviste, presagiaste el secreto inexorable del beso
envuelto
en el día de ella
en la hora de ella
en el vestido ajado por su propio sueño
perdida en su propia luz
y aún así
te daría alguna barca para hacerte eterno.
Eso pensabas cuando te tragabas el mar, de a pocos
quedito, como vela moribunda en el lecho de la última tinta
y echaste todos tus dedos a la suerte sobre la mesa
y llegaste a ella
siempre al infinito caer de su boca
de sus ojos
solo que ahora estás frente al mar
y no hay una arena caliente que servirse
ni un aliento de vino náufrago
solo la locura que comienza a prenderse de tus pies
y el reloj se detiene siempre antes de la cita.
Ay! qué playa tan desierta
y todo ese mar cayendo, cayendo por tu traquea
sin saber
que ella está cayendo también
secreta, dentro de ti
tomando tus manos...










 
Última edición:

¿Alguna vez te haz querido tragar el mar que hay frente de ti?
Lo pensaste
cuando te emborrachaste con ese licor fragante que tienen todos los senos
a la deriva,
y pensaste que lo mejor era ponerte firme y envalentonar a la lágrima
que ya se hacía costra frente al mar
decidiste tragártelo,
reventar de amor de una vez por todas
y dinamitar toda esa sangre que se prendió con ella
y lo hiciste moviendo la cabeza de aquí para allá
como una luz como un mundo añejo de pies descalzos
sin embargo te detuviste, presagiaste el secreto inexorable del beso
envuelto
en el día de ella
en la hora de ella
en el vestido ajado por su propio sueño
perdida en su propia luz
y aún así
te daría alguna barca para hacerte eterno.
Eso pensabas cuando te tragabas el mar, de a pocos
quedito, como vela moribunda en el lecho de la última tinta
y echaste todos tus dedos a la suerte sobre la mesa
y llegaste a ella
siempre al infinito caer de su boca
de sus ojos
solo que ahora estás frente al mar
y no hay una arena caliente que servirse
ni un aliento de vino náufrago
solo la locura que comienza a prenderse de tus pies
y el reloj se detiene siempre antes de la cita.
Ay! qué playa tan desierta
y todo ese mar cayendo, cayendo por tu traquea
sin saber
que ella está cayendo también
secreta, dentro de ti
tomando tus manos...










No, nunca. Pero al parecer resultó un buen ejercicio para ti. Saludos cordiales marquelo.
 

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