Sucede que...

danie

solo un pensamiento...
"Sucede que me canso de ser hombre."
Pablo Neruda.

Sucede que no me conformo con mis otros
y me gusta confrontar las pequeñas cosas,
desenvuelvo las semejanzas
y apaleo las ideas para no morir durante toda la semana “porque
detesto morirme todos los días; ¿y quién no?”,
salgo del bolsillo de adentro de la camisa
y le hago frente a mis otros, al mismo yo
que se rasura todas las mañanas frente al espejo.
Sucede que se me eriza hasta la nuca cuando
pienso en la idea de no hartarse, como si fuéramos
insaturables graffitis de una divinidad. Capaz que Dios
no se cansa, puede ser un mar de almacenamiento,
un cielo que nunca desborda,
un infinito que nunca hay que vaciar;
pero nosotros no, nosotros
somos hombres y por lo tal necesitamos tumbarnos,
desbordar el silencio,
rajarnos por la raya de los pantalones,
estremecernos hasta decir “la pucha” o “qué lo parió”.
Y así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.
Sucede que a veces debemos cambiar de dial
y salir de la marcha de esa agitada procesión,
y dejar de saber para absolutamente ya nada saber,
dejar de embromarnos, de poner el pecho.
Sucede que nos cansamos; y ahora somos nosotros
los que gambeteamos, damos un pasodoble o lo que sea
para abrirnos de piernas.
De lo contrario, así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres.


Sucede que a veces, también, nos cansamos de los nombres
y Juan deja de ser Juan para ser Luis, y Luis deja de ser Luis
para ser Paula, y hasta Paula “ que ya pasó de ser Juan,
Luis, Fulano o Mengano” deja de ser sólo una mujer
para ser todos nosotros.


***
 
Creo que hay aquí mucha carga filosófica y no sé si lo habré captado todo. Destaco las ideas que he creído entender con las que me siento más afín.

Me gusta esa percepción del humano como algo imperfecto, no a modo de auto reproche, sino simplemente como una toma de conciencia de ello.
Me gusta la tristeza con que se contempla la vida rutinaria en la que estamos metidos, en la que, de alguna manera, nosotros mismos nos hemos metido, quizá porque tampoco sabemos cómo hacerlo mejor.
Y me gusta mucho cómo expresas esas necesidad de desahogarse, de expresarse, de ir más allá. Aquí, por ejemplo:

Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.

El final me parece maravilloso:

deja de ser sólo una mujer
para ser todos nosotros.

Yo percibo en el poema la necesidad de la superación de lo humano, o, al menos, algunos aspectos de lo humano, un potencial que está en nosotros, pero que creo que aún no hemos perseguido como especie.

Me ha gustado mucho el poema, danie; me atrevería a decir que has puesto en él mucha verdad y mucha intimidad.
 
Creo que hay aquí mucha carga filosófica y no sé si lo habré captado todo. Destaco las ideas que he creído entender con las que me siento más afín.

Me gusta esa percepción del humano como algo imperfecto, no a modo de auto reproche, sino simplemente como una toma de conciencia de ello.
Me gusta la tristeza con que se contempla la vida rutinaria en la que estamos metidos, en la que, de alguna manera, nosotros mismos nos hemos metido, quizá porque tampoco sabemos cómo hacerlo mejor.
Y me gusta mucho cómo expresas esas necesidad de desahogarse, de expresarse, de ir más allá. Aquí, por ejemplo:



El final me parece maravilloso:



Yo percibo en el poema la necesidad de la superación de lo humano, o, al menos, algunos aspectos de lo humano, un potencial que está en nosotros, pero que creo que aún no hemos perseguido como especie.

Me ha gustado mucho el poema, danie; me atrevería a decir que has puesto en él mucha verdad y mucha intimidad.

Lo importante de la poesía es que se pueda rescatar algo, y que ese algo de alguna u otra forma le llegue al lector. Muchas veces, la poesía no tiene un análisis preciso y único. Ya que un poema puede significar una cosa u otra dependiendo de quién lo lea, pero siempre se debe agradece la visión objetiva ya que al fin de cuentas la poesía no sólo se siente sino que también se digiere, se medita. Y un lector que digiere los textos siempre es necesario.

Gracias por tu lectura; por, de alguna forma decirlo, masticar y digerir parte de los versos de este extenso poema; gracias por todo.

Un abrazo grande.
 
"Sucede que me canso de ser hombre."
Pablo Neruda.

Sucede que no me conformo con mis otros
y me gusta confrontar las pequeñas cosas,
desenvuelvo las semejanzas
y apaleo las ideas para no morir durante toda la semana “porque
detesto morirme todos los días; ¿y quién no?”,
salgo del bolsillo de adentro de la camisa
y le hago frente a mis otros, al mismo yo
que se rasura todas las mañanas frente al espejo.
Sucede que se me eriza hasta la nuca cuando
pienso en la idea de no hartarse, como si fuéramos
insaturables graffitis de una divinidad. Capaz que Dios
no se cansa, puede ser un mar de almacenamiento,
un cielo que nunca desborda,
un infinito que nunca hay que vaciar;
pero nosotros no, nosotros
somos hombres y por lo tal necesitamos tumbarnos,
desbordar el silencio,
rajarnos por la raya de los pantalones,
estremecernos hasta decir “la pucha” o “qué lo parió”.
Y así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.
Sucede que a veces debemos cambiar de dial
y salir de la marcha de esa agitada procesión,
y dejar de saber para absolutamente ya nada saber,
dejar de embromarnos, de poner el pecho.
Sucede que nos cansamos; y ahora somos nosotros
los que gambeteamos, damos un pasodoble o lo que sea
para abrirnos de piernas.
De lo contrario, así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres.


Sucede que a veces, también, nos cansamos de los nombres
y Juan deja de ser Juan para ser Luis, y Luis deja de ser Luis
para ser Paula, y hasta Paula “ que ya pasó de ser Juan,
Luis, Fulano o Mengano” deja de ser sólo una mujer
para ser todos nosotros.


***

He disfrutado con la lectura de este poema, estimado y apreciado, poeta,

Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.


Sucede que somos la belleza de la imperfección, sucede que somos humanos.

Un fuerte abrazo junto con mi aplauso
 
He disfrutado con la lectura de este poema, estimado y apreciado, poeta,

Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.


Sucede que somos la belleza de la imperfección, sucede que somos humanos.

Un fuerte abrazo junto con mi aplauso

Gracias por tu visita Luis.
Un abrazo grande.
 
"Sucede que me canso de ser hombre."
Pablo Neruda.

Sucede que no me conformo con mis otros
y me gusta confrontar las pequeñas cosas,
desenvuelvo las semejanzas
y apaleo las ideas para no morir durante toda la semana “porque
detesto morirme todos los días; ¿y quién no?”,
salgo del bolsillo de adentro de la camisa
y le hago frente a mis otros, al mismo yo
que se rasura todas las mañanas frente al espejo.
Sucede que se me eriza hasta la nuca cuando
pienso en la idea de no hartarse, como si fuéramos
insaturables graffitis de una divinidad. Capaz que Dios
no se cansa, puede ser un mar de almacenamiento,
un cielo que nunca desborda,
un infinito que nunca hay que vaciar;
pero nosotros no, nosotros
somos hombres y por lo tal necesitamos tumbarnos,
desbordar el silencio,
rajarnos por la raya de los pantalones,
estremecernos hasta decir “la pucha” o “qué lo parió”.
Y así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.
Sucede que a veces debemos cambiar de dial
y salir de la marcha de esa agitada procesión,
y dejar de saber para absolutamente ya nada saber,
dejar de embromarnos, de poner el pecho.
Sucede que nos cansamos; y ahora somos nosotros
los que gambeteamos, damos un pasodoble o lo que sea
para abrirnos de piernas.
De lo contrario, así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres.


Sucede que a veces, también, nos cansamos de los nombres
y Juan deja de ser Juan para ser Luis, y Luis deja de ser Luis
para ser Paula, y hasta Paula “ que ya pasó de ser Juan,
Luis, Fulano o Mengano” deja de ser sólo una mujer
para ser todos nosotros.


***

Bueno Danie, me fui sintiendo obstinado mientras leía, pero, cuando pateaste las estrellas me sentí mas tranquilo, buena catarsis esa. A las chicharras si no les exonero, me gusta su canto. un saludo sincero poeta.
 
"Sucede que me canso de ser hombre."
Pablo Neruda.

Sucede que no me conformo con mis otros
y me gusta confrontar las pequeñas cosas,
desenvuelvo las semejanzas
y apaleo las ideas para no morir durante toda la semana “porque
detesto morirme todos los días; ¿y quién no?”,
salgo del bolsillo de adentro de la camisa
y le hago frente a mis otros, al mismo yo
que se rasura todas las mañanas frente al espejo.
Sucede que se me eriza hasta la nuca cuando
pienso en la idea de no hartarse, como si fuéramos
insaturables graffitis de una divinidad. Capaz que Dios
no se cansa, puede ser un mar de almacenamiento,
un cielo que nunca desborda,
un infinito que nunca hay que vaciar;
pero nosotros no, nosotros
somos hombres y por lo tal necesitamos tumbarnos,
desbordar el silencio,
rajarnos por la raya de los pantalones,
estremecernos hasta decir “la pucha” o “qué lo parió”.
Y así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.
Sucede que a veces debemos cambiar de dial
y salir de la marcha de esa agitada procesión,
y dejar de saber para absolutamente ya nada saber,
dejar de embromarnos, de poner el pecho.
Sucede que nos cansamos; y ahora somos nosotros
los que gambeteamos, damos un pasodoble o lo que sea
para abrirnos de piernas.
De lo contrario, así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres.


Sucede que a veces, también, nos cansamos de los nombres
y Juan deja de ser Juan para ser Luis, y Luis deja de ser Luis
para ser Paula, y hasta Paula “ que ya pasó de ser Juan,
Luis, Fulano o Mengano” deja de ser sólo una mujer
para ser todos nosotros.


***
Sucede que yo me pregunto a menudo donde estoy y me hablo sin escucharme solo para sentirme mal, la felicidad es una puta barata y yo me he quedado sin fondos, suceden tantas vidas como personas suceden y conformarme con las carcajadas nunca fue mi estilo. Todo esto es lo que me has ugerido tu bello, profundo y certero poema, me has hecho pensar y no te puedes imaginar lo que a mí me gusta eso aunque fallo más que una escopeta de ferias. Poema para enmarcar amigo danie. Un abrazo. Paco.
 
"Sucede que me canso de ser hombre."
Pablo Neruda.

Sucede que no me conformo con mis otros
y me gusta confrontar las pequeñas cosas,
desenvuelvo las semejanzas
y apaleo las ideas para no morir durante toda la semana “porque
detesto morirme todos los días; ¿y quién no?”,
salgo del bolsillo de adentro de la camisa
y le hago frente a mis otros, al mismo yo
que se rasura todas las mañanas frente al espejo.
Sucede que se me eriza hasta la nuca cuando
pienso en la idea de no hartarse, como si fuéramos
insaturables graffitis de una divinidad. Capaz que Dios
no se cansa, puede ser un mar de almacenamiento,
un cielo que nunca desborda,
un infinito que nunca hay que vaciar;
pero nosotros no, nosotros
somos hombres y por lo tal necesitamos tumbarnos,
desbordar el silencio,
rajarnos por la raya de los pantalones,
estremecernos hasta decir “la pucha” o “qué lo parió”.
Y así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.
Sucede que a veces debemos cambiar de dial
y salir de la marcha de esa agitada procesión,
y dejar de saber para absolutamente ya nada saber,
dejar de embromarnos, de poner el pecho.
Sucede que nos cansamos; y ahora somos nosotros
los que gambeteamos, damos un pasodoble o lo que sea
para abrirnos de piernas.
De lo contrario, así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres.


Sucede que a veces, también, nos cansamos de los nombres
y Juan deja de ser Juan para ser Luis, y Luis deja de ser Luis
para ser Paula, y hasta Paula “ que ya pasó de ser Juan,
Luis, Fulano o Mengano” deja de ser sólo una mujer
para ser todos nosotros.


***


Una versión extendida de la frase de Neruda que no tiene desperdicio danie. Describes el abatimiento con precisión, cuando uno acaba de leer está exhausto jajaja, eso es que lo has hecho muy bien. Te felicito.

Un abrazo,

Palmira
 
"Sucede que me canso de ser hombre."
Pablo Neruda.

Sucede que no me conformo con mis otros
y me gusta confrontar las pequeñas cosas,
desenvuelvo las semejanzas
y apaleo las ideas para no morir durante toda la semana “porque
detesto morirme todos los días; ¿y quién no?”,
salgo del bolsillo de adentro de la camisa
y le hago frente a mis otros, al mismo yo
que se rasura todas las mañanas frente al espejo.
Sucede que se me eriza hasta la nuca cuando
pienso en la idea de no hartarse, como si fuéramos
insaturables graffitis de una divinidad. Capaz que Dios
no se cansa, puede ser un mar de almacenamiento,
un cielo que nunca desborda,
un infinito que nunca hay que vaciar;
pero nosotros no, nosotros
somos hombres y por lo tal necesitamos tumbarnos,
desbordar el silencio,
rajarnos por la raya de los pantalones,
estremecernos hasta decir “la pucha” o “qué lo parió”.
Y así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres,
de usar el mismo traje de horarios,
de no poder mirar a nuestro jefe a los ojos
y decirle alguna de esas palabras
que no conoce; como por ejemplo: que es un misántropo,
o un badulaque sin oficio.
Sucede que necesitamos
patear piedras en el firmamento,
chistar a quemarropa las broncas del hombro,
desatar las corbatas, las palabras, los estómagos,
exonerar a las chicharras de la voz.
Sucede que a veces debemos cambiar de dial
y salir de la marcha de esa agitada procesión,
y dejar de saber para absolutamente ya nada saber,
dejar de embromarnos, de poner el pecho.
Sucede que nos cansamos; y ahora somos nosotros
los que gambeteamos, damos un pasodoble o lo que sea
para abrirnos de piernas.
De lo contrario, así henchidos hasta enrojecer
explotamos antes de llegar a decir basta.
Explotamos y nos cansamos de ser hombres.


Sucede que a veces, también, nos cansamos de los nombres
y Juan deja de ser Juan para ser Luis, y Luis deja de ser Luis
para ser Paula, y hasta Paula “ que ya pasó de ser Juan,
Luis, Fulano o Mengano” deja de ser sólo una mujer
para ser todos nosotros.


***
Me parecen estupendas tus palabras querido amigo danie, tan interesantes y profundas de contenido.. un placer leer , aplausos. Un abrazo, que tengas muy buenos días.
 
Bueno Danie, me fui sintiendo obstinado mientras leía, pero, cuando pateaste las estrellas me sentí mas tranquilo, buena catarsis esa. A las chicharras si no les exonero, me gusta su canto. un saludo sincero poeta.

Jajaja... pateo las estrellas y un par de cosas más todos los días. Como ves, amigo, es algo un poco cotidiano. Gracias por pasar, y disculpas por la respuesta tardía.
Un abrazo grande.
 
Sucede que yo me pregunto a menudo donde estoy y me hablo sin escucharme solo para sentirme mal, la felicidad es una puta barata y yo me he quedado sin fondos, suceden tantas vidas como personas suceden y conformarme con las carcajadas nunca fue mi estilo. Todo esto es lo que me has ugerido tu bello, profundo y certero poema, me has hecho pensar y no te puedes imaginar lo que a mí me gusta eso aunque fallo más que una escopeta de ferias. Poema para enmarcar amigo danie. Un abrazo. Paco.
Jajaja... No fallas tanto como crees Paco. ;) Bueno, en fin, sólo le di una vuelta de rosca a la famosa frase de Neruda, y algo salió.
Gracias por pasar Paco.
Un abrazo grande.
 
Última edición:
Una versión extendida de la frase de Neruda que no tiene desperdicio danie. Describes el abatimiento con precisión, cuando uno acaba de leer está exhausto jajaja, eso es que lo has hecho muy bien. Te felicito.

Un abrazo,

Palmira
jajaja... Gracias por rescatar este abatimiento un poco perdido en el tiempo. Y sí, hasta a mí me cansa un poco al leerlo; pero bueno, decir todas esas verdades de vez en cuando es necesario.
Gracias por todo Palmira.
Un abrazo grande.
 
Me parecen estupendas tus palabras querido amigo danie, tan interesantes y profundas de contenido.. un placer leer , aplausos. Un abrazo, que tengas muy buenos días.
Gracias amigo, siempre es un placer y un honor tener tu visita en mis delirios. Tú que estés siempre de 10!!!
Un abrazo grande.
 
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