Doy dulzor, pues lo debo dar.-

Isaías Súvel

Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
DOY DULZOR
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Doy dulzor, pues lo debo dar,
a la tierra que es nuestro hogar,
a la luna que nos rubrica el firmamento,
acompañada de esas chispas que de lejanas tiritan de frio
cuando la expansión es más grande,
azulina, negruzca .
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al farol incandescente,
que nos despierta todoas los dias,
junto con los pajaros madrugadores como nadie, y el reloj,
y que acompaña nuestro día,
con la cara roja como verguenza y rubor,
quizá por nuestros errores y transgresiones al amor del aire que respiramos
o por contemplar ese amor que germina a diario,
con el relámpago de una mirada.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al viento que nos refresca,
y en esto, las nubes son sus cómplices,
en éste delito,
pues apaga el ardor de un idilio,
o el ardor de un padre o de una madre,
o el de un hijo que dejó ya su ingratitud,
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al verdor de los bosques y las plantas
de la tierra,
al verdor oscuro del mar
y a la innumerable población de seres vivos,
que están con nosotros;
que son en conjunto,
nuestro anfiteatro hermoso y vivificador;
y nuestra agradable compañía.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al niño de pecho
y al que juega
en nuestros hogares,
en nuestros patios
y en nuestros corazones;
y son el ejemplo palpable,
de inocencia y candor que nos falta tanto,
y que usó el Maestro
para nuestra amonestación.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al estudiante esforzado
y al que a regañadientes,
por el cansancio y el tedio,
saca adelante algún magisterio u oficio
de cualquier índole,
para enfrentar la vida.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al trabajo abnegado del arriero,
de los crespos campos en el sur,
batallando contra el viento
de los cuchillos filosos,
al trabajo abnegado,
de ese otro pastor;
el de las moles de carne;
esas fuentes de leche y pan,
ahí, en el centro de la vorágine,
que tiene como vigía blanco,
a la montaña de la infancia
y la vejez de los cóndores,

y al pastor de las alturas casi sin oxígeno, en la soledad más acompañada de la mano de Dios, mano que aprieta con cariño, las manos de otros hermanos que nos visitan.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
a la labor sacrificada del minero,
que en horas interminables,
extrae el sustento de mi patria,
desde un forado inmenso,
o un túnel sin fin.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
a la labor encomiable,
del que hiere con surcos benditos,
la tierra
para conseguir su pan y el nuestro.
desde ese lecho marrón de nuestra existencia,
que nos sostiene y nos cobija
y cubrirá nuestro cuerpo,
hasta que se diluya
con el agua subterránea.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al que batalla en dos frentes,
con el agua blanca de arriba,
que siempre tiene pugna,
con el agua azul de abajo,
sobre ese camastro profundo
que la contiene.
Y ese David minúsculo,
ya no con cinco piedras lisas
de un arroyo,
sino con las diez piedras fuertes
de su imperio,
arrebata la presa escurridiza,
para las mesas pobres y ricas, del pan
y del vino.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al que erige con riesgos de su integridad,
el cemento y el cristal,
donde se cobijan
los innumerables universos,
misteriosos, diversos,
que hablan y respiran y aman y odian y miran y duermen y mueren.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al trabajo riesgoso del comerciante,
que al filo de la falta,
batalla diariamente con el azar;
para resguardar su caudal
y conseguir,
el lógico y justo rédito a su esfuerzo
y su necesidad de comer y vivir.

Doy dulzor, pues lo debo dar,
al trabajo del docente,
que en su labor ingrata,
con resultados en el tiempo,
que sus ojos no disfrutan,
transfiere saber y querer
con sudor y lágrimas,
en su trabajo poco estimado,
y prepara a las masas,
para que sean suculentos manjares,
de bodas y cumpleaños auspiciosos.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al que ofrendando su vida, resguarda los límites
de nuestros patios;
y al que ofrendando su vida,
resguarda los límites de nuestra patria.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al obrero,
que con pulmón, músculo
y sudor,
levanta el alma de mi nación
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al profesional,
el hombre de oficina,
que proyecta y dirige,
la sociedad de las risas, las penas,
los orgullos, las ambiciones
y los besos diversos de nuestros pechos;
con un lápiz, una regla,
un computador
y una calculadora científica.
Doy dulzor, pues lo debo dar,
al hombre que nos preside
y a los que nos asisten con el deber
de organizar nuestra moral,
nuestro desenvolvimiento óptimo,
limpio y cabal,
y permitir que funcionemos,
como familia, amigos
y sociedad.
Y doy dulzor, porque lo debo dar, y con devoción total,
al que levanta la vista más allá;
hacia el cielo,
hacia los ángeles.
Quiero y debo obligatoriamente,
parecerme un poco a Cristo,
y en milésima parte a Dios,
al cual me atrevo, con muchísima reverencia,
a decirle ... mi Padre.


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Yo le llamo " colega ", y es mi amigo.


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Última edición:
Tu atrevimiento es solo ignorancia y Dios lo sabe y lo entiende. Discúlpame que te diga esto, pero de la misma manera en que tú tienes derecho a disentir de mi manera de pensar, de la misma forma yo tengo mis derechos. Un abrazo.-
 
Mi atrevimiento es sólo ignorancia.
Bueno...
Entonces, das dulzor.
¿ Verdad ? Pues fíjate cómo ya empiezo a notar la amargura.
Lee bien el escrito. Doy dulzor a lo positivo en rigor. Pero tienes razón, como cristiano, debo dar dulzor, aún, a los que no piensan como yo. Te agradezco la aclaración.
 
No lo puedes evitar, compadre.
Ponle sabor a la vida, pero no siempre, dulce.
Puede ser salado, amargo, ácido, picante...
No te especialices en las cosas más infantiles.


Si no, ¿ Crees que alguna mujer se fiará de ti ? Digo, si eres tan dulce...
Tan tierno.
Tan bonito...
Como un bizcocho.


La mujer llama a tu puerta, y te pide que le pongas sabor a la vida.
Entonces, eso es innegable.
Como me dijo un monje, una vez:


" Una novia te puede llevar al cielo, más rápidamente que si ingresas en este monasterio. "
 
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No lo puedes evitar, compadre.
Ponle sabor a la vida, pero no siempre, dulce.
Puede ser salado, amargo, ácido, picante...
No te especialices en las cosas más infantiles.


Si no, ¿ Crees que alguna mujer se fiará de ti ? Digo, si eres tan dulce...
Tan tierno.
Tan bonito...
Como un bizcocho.


La mujer llama a tu puerta, y te pide que le pongas sabor a la vida.
Entonces, eso es innegable.
Como me dijo un monje, una vez:


" Una novia te puede llevar al cielo, más rápidamente que si ingresas en este monasterio. "
Ser dulce es el ideal compadre y yo lo he experimentado, pues cuando empiezan las amarguras, es cuando empezamos a sufrir. Pero el superar esas amarguras y sortear los avatares malos del camino, nos da una cuota de felicidad extra y quizá eso es el morbo. Somos un poquito masoquistas. Yo me considero una persona normal. No soy dulce ni menos santurrón ( si me conocieras ), pero ser buena gente hace feliz y es lo ideal. Las amarguras son los imponderables de la vida y sortearlas es lo entretenido.
 
Entonces, eres bueno.
Me lo temía...
No tengo motivos para combatir contra ti.
¡ Qué aburrimiento ! Un hombre bueno...
¿ No puedes ser un poco malvado ? Y así, me hago el héroe, y te critico...
 
Entonces, eres bueno.
Me lo temía...
No tengo motivos para combatir contra ti.
¡ Qué aburrimiento ! Un hombre bueno...
¿ No puedes ser un poco malvado ? Y así, me hago el héroe, y te critico...
Hay que ser bueno compadre, por que si no, la vida te enseña a golpes a serlo. Es una ley del Universo, claro que con un poquito de injundia, eso es imposible no tenerla.
 

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