Elfi Errazo
Poeta recién llegado
Veloz, lo vi alejarse en vida,
ojos de un brillo tambaleante,
atrincherando el viejo timbre
tras cuatro pórticos dentales.
Atravesaron esos ojos
el mirage de mi modo afable,
dos claraboyas despidiendo
la luz y anchura de sus mares.
“Algo me duelen los periplos,”
-me confesó- “son los embates
que tintinean mis vergüenzas.
Habrá un amor que alguien reclame
y un odio que burlón me asfixie,
mas es ligero el equipaje
de tanta historia microscópica.
No sé cuanto velero errante
devorarán tus derroteros.
Las dudas de tu blanda carne
no lavarás en la corriente.
La vida es espigón flotante;
no alojas anclas dentro tuyo
ni embarcaderos que te amarren.
El surco de agua es el destino,
su espuma, nunca itinerante.
No has de escapar de tus confines;
será frontera formidable
tu piel, la cuneiforme historia
de las arrugas en tu sangre
que narrarás, vestido en ella.
Tu movimiento nunca es viaje
porque es que inmóvil uno zarpa.
Solo, a lo ignoto has de marcharte
algún día, desde estos muelles.
Guarda mi voz, jamás mi traje.”
ojos de un brillo tambaleante,
atrincherando el viejo timbre
tras cuatro pórticos dentales.
Atravesaron esos ojos
el mirage de mi modo afable,
dos claraboyas despidiendo
la luz y anchura de sus mares.
“Algo me duelen los periplos,”
-me confesó- “son los embates
que tintinean mis vergüenzas.
Habrá un amor que alguien reclame
y un odio que burlón me asfixie,
mas es ligero el equipaje
de tanta historia microscópica.
No sé cuanto velero errante
devorarán tus derroteros.
Las dudas de tu blanda carne
no lavarás en la corriente.
La vida es espigón flotante;
no alojas anclas dentro tuyo
ni embarcaderos que te amarren.
El surco de agua es el destino,
su espuma, nunca itinerante.
No has de escapar de tus confines;
será frontera formidable
tu piel, la cuneiforme historia
de las arrugas en tu sangre
que narrarás, vestido en ella.
Tu movimiento nunca es viaje
porque es que inmóvil uno zarpa.
Solo, a lo ignoto has de marcharte
algún día, desde estos muelles.
Guarda mi voz, jamás mi traje.”