Malena Marquez
Poeta veterana en el Portal
Se quedó en el umbral:
sus veinte que no representa,
el niño en brazos y una ilusión.
Él se le acerca, le murmura algo
y entran con su primer hijo varón.
Esta madrugada tomó la senda inversa
y con sus noventa y pocos, María,
se fue por esa misma puerta, en silencio
y de puntillas para no molestar.
En la casa no anda ni un alma,
un grillo le avisa que salga.
Deja sobre la cama el plumaje
de almohadas y un cobertor.
Recorre su morada entera,
las piezas son alas de ladrillos
que le crecieron a la casa a medida
que a ella le crecían los hijos.
Ahora que el tiempo
se ha dejado de misterios
puede verlos como eran
cuando eran pequeños,
y verse a sí misma:
Una espiga de cebada
así de erguida y alta
una cebada de malta
así de morena y santa.
Ahora que es tiempo
de despedidas María
se va de puntillas
y a escondidas
para no molestar.
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