César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
La gente conversaba.
Reía.
Paseaba indiferente atenta a un “algo”
que no estaba en el lugar.
Tal vez buscaba paz.
Los ojos de la gente miraban sin mirar;
no dialogaban con lo que veían
(acaso sea de locxs dialogar con lo distinto).
Como zombis, andaban de abajo a arriba, de arriba abajo…
A veces se detenían para comer
y vuelta al mutismo;
La misma incapacidad lastimosa
para empatizar con la vida circundante.
Nadie estaba solx.
Todxs estaban muy solxs
con esa inefable soledad acompañada.
Al poeta también le costaba.
Le faltaba un brazo
un pulmón derecho
una cadera
un testículo y una pierna
un pie izquierdo.
Corazón averiado, aurícula extraviada…
Como aquel extravío
en el que las personas buscaban el “eso”
sin conocer, ni intentar.
Sin saludar a las gentiles aves
ni dignarse voltear hacia las humildes flores;
¡Ni hablar de hablar con ellas!
Preguntarles cómo están
pedirles una fotografía
así uno les parezca un tonto y atolondrado turista tonto.
Con (o sin) su mitad faltante
el poeta se sintió miserable
ante tanta belleza incomprendida.
Y se despidió de la vida del lugar.
Y le prometió volver, alguna vez,
con las heridas sanas
y luna y noche…
para hacer una fiesta.
Reía.
Paseaba indiferente atenta a un “algo”
que no estaba en el lugar.
Tal vez buscaba paz.
Los ojos de la gente miraban sin mirar;
no dialogaban con lo que veían
(acaso sea de locxs dialogar con lo distinto).
Como zombis, andaban de abajo a arriba, de arriba abajo…
A veces se detenían para comer
y vuelta al mutismo;
La misma incapacidad lastimosa
para empatizar con la vida circundante.
Nadie estaba solx.
Todxs estaban muy solxs
con esa inefable soledad acompañada.
Al poeta también le costaba.
Le faltaba un brazo
un pulmón derecho
una cadera
un testículo y una pierna
un pie izquierdo.
Corazón averiado, aurícula extraviada…
Como aquel extravío
en el que las personas buscaban el “eso”
sin conocer, ni intentar.
Sin saludar a las gentiles aves
ni dignarse voltear hacia las humildes flores;
¡Ni hablar de hablar con ellas!
Preguntarles cómo están
pedirles una fotografía
así uno les parezca un tonto y atolondrado turista tonto.
Con (o sin) su mitad faltante
el poeta se sintió miserable
ante tanta belleza incomprendida.
Y se despidió de la vida del lugar.
Y le prometió volver, alguna vez,
con las heridas sanas
y luna y noche…
para hacer una fiesta.
Enero, después de diciembre... 2018. César Guevara