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Descubrimiento

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Mi corazón

como otras veces

discrepa con mi pensamiento,

se empeña en ser adolescente

ahora que puede.

Hace algunos años los sentimientos

estaban casi exclusivamente

en mi cerebro,

y ha veces en el estomago.

Sin saber como

mi pecho dolía

lloraba;

luego se calmo,

altero su ritmo,

se estrecho.

Mas tarde sintió cosas nuevas,

abrió un inmenso abanico de sensaciones

y fue capaz

de encontrar matices

que nunca antes había advertido.

Como en los buenos oleos,

la profundidad se lleno de violetas

y en la cercanía flotaba el amarillo

pugnando con el blanco

y las sombras.

Fui adquiriendo

una gran gama de colores

que agudizaban todos mis sentidos.

Llore y reí casi sin transición,

apenas nubló la pena mi cara,

mi voz se levantó autoritaria…

Y en plena juventud de emociones

mi cuerpo conoció también

el dolor de los años,

la certeza de estar despierta

y la muerte de la idealización.

Ya no necesito soñar.
 
Mi corazón

como otras veces

discrepa con mi pensamiento,

se empeña en ser adolescente

ahora que puede.

Hace algunos años los sentimientos

estaban casi exclusivamente

en mi cerebro,

y ha veces en el estomago.

Sin saber como

mi pecho dolía

lloraba;

luego se calmo,

altero su ritmo,

se estrecho.

Mas tarde sintió cosas nuevas,

abrió un inmenso abanico de sensaciones

y fue capaz

de encontrar matices

que nunca antes había advertido.

Como en los buenos oleos,

la profundidad se lleno de violetas

y en la cercanía flotaba el amarillo

pugnando con el blanco

y las sombras.

Fui adquiriendo

una gran gama de colores

que agudizaban todos mis sentidos.

Llore y reí casi sin transición,

apenas nubló la pena mi cara,

mi voz se levantó autoritaria…

Y en plena juventud de emociones

mi cuerpo conoció también

el dolor de los años,

la certeza de estar despierta

y la muerte de la idealización.

Ya no necesito soñar.
Me gustó tú poema, pero la realidad es un mal sueño, aunque no hables de ella, prefiero soñar. Me encantó el despertar de sentirte tuya ante lo que te rodea. Fuera penas innecesarias y vivir que son dos días. Un abrazo.
 
Mi corazón

como otras veces

discrepa con mi pensamiento,

se empeña en ser adolescente

ahora que puede.

Hace algunos años los sentimientos

estaban casi exclusivamente

en mi cerebro,

y ha veces en el estomago.

Sin saber como

mi pecho dolía

lloraba;

luego se calmo,

altero su ritmo,

se estrecho.

Mas tarde sintió cosas nuevas,

abrió un inmenso abanico de sensaciones

y fue capaz

de encontrar matices

que nunca antes había advertido.

Como en los buenos oleos,

la profundidad se lleno de violetas

y en la cercanía flotaba el amarillo

pugnando con el blanco

y las sombras.

Fui adquiriendo

una gran gama de colores

que agudizaban todos mis sentidos.

Llore y reí casi sin transición,

apenas nubló la pena mi cara,

mi voz se levantó autoritaria…

Y en plena juventud de emociones

mi cuerpo conoció también

el dolor de los años,

la certeza de estar despierta

y la muerte de la idealización.

Ya no necesito soñar.

Excelsos versos compartes amiga Maria.
Todos llevamos dentro ese adolescente que con el pado del tiempo se resiste a abandonarnos. Porque no quiere asumir la realidad de este mundo cruel. Una realidad que dista mucho de aquella felicidad que se siente en aquellos años que despertabas al mundo.
Felicidades. Un abrazo
 

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