Has de saber que sigo caminando,
que el corazón que tú dejaste herido
traspasa ya la senda del olvido
con espesor de hiedra levantando.
Que lo que no me diste y te fui dando,
amargor por tus labios ingerido,
viento de angustia y llanto perseguido
a tu trémulo paso caminando.
¡Ay mujer! por mi alma tú querida,
por mi existencia tú necesitada,
presa de la arrogancia y malherida...
Que la lejana voz a ti debida
aunque la rosa no desprenda nada,
dulce y hermosa flor en mí metida.
Luis
Última edición: