Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me senté en una nube a escribirte este pensamiento,
mientras la mirada de los ángeles inquirían en saber:
-¿Que tanto escribiréis para tu amado?
Preguntaban ellos.
Y yo entre risas no hacia mas que verlos.
Ellos se volteaban uno al otro
y solo contemplaban mi rostro.
-Habéis cambiado mucho,
ahora parecéis mas de otro cielo.
Tus ojos brillan de un modo diferente
y tu mirada ya no es tan discreta.
Y yo con pluma en mano no dejaba de escribir,
no sea que las palabras que tanto añoraba
palpar se la llevase el viento.
Pero ellos que a cada momento eran más.
Se juntaban a mirarme con mirada sin igual.
-¿Que tenéis o dulce ángel? Preguntaban.
-¿Es que acaso ya no queréis habitar aquí
y deseas volar entre los mortales
y olvidarte de este cielo
de paz y luz que en ningún lado encontrareis?
Mi respuesta es mi silencio
pues ellos no lo entienden.
Nunca han amado así,
nunca han salido de este cielo.
Otro dijo por ahí: Sé que lo que té pasa,
he notado que no paras de reír,
y no haces mas que escribir
en hojas blancas de papel.
¿Estáis enamorada o ángel y ya no quieres oír?
Mi temor es tal que no levanto mi rostro,
pues no quiero proferir palabra alguna
ante tal santidad de ángeles,
pues ya no soy igual a ellos,
desde que a el le conocí.
Pero el corazón no me deja callar
y no atino mas que decir:
... me he enamorado de un ángel negro,
que esta alcanzando la luz.
Le ando buscando.
-¿Le habéis visto acaso?
Ellos respondieron con un silencio desgarrador
y siguieron su camino sin decir mas,
pues no entendieron mi destino.
¡Ah mi dulce amado!
Que diera yo encontrarte hoy,
sin prisa, sin temores, y así poder amarnos
en medio de este hermoso cielo.
Ruega para que así sea.
Hoy quiero estar contigo.
Mi alma te desea.
mientras la mirada de los ángeles inquirían en saber:
-¿Que tanto escribiréis para tu amado?
Preguntaban ellos.
Y yo entre risas no hacia mas que verlos.
Ellos se volteaban uno al otro
y solo contemplaban mi rostro.
-Habéis cambiado mucho,
ahora parecéis mas de otro cielo.
Tus ojos brillan de un modo diferente
y tu mirada ya no es tan discreta.
Y yo con pluma en mano no dejaba de escribir,
no sea que las palabras que tanto añoraba
palpar se la llevase el viento.
Pero ellos que a cada momento eran más.
Se juntaban a mirarme con mirada sin igual.
-¿Que tenéis o dulce ángel? Preguntaban.
-¿Es que acaso ya no queréis habitar aquí
y deseas volar entre los mortales
y olvidarte de este cielo
de paz y luz que en ningún lado encontrareis?
Mi respuesta es mi silencio
pues ellos no lo entienden.
Nunca han amado así,
nunca han salido de este cielo.
Otro dijo por ahí: Sé que lo que té pasa,
he notado que no paras de reír,
y no haces mas que escribir
en hojas blancas de papel.
¿Estáis enamorada o ángel y ya no quieres oír?
Mi temor es tal que no levanto mi rostro,
pues no quiero proferir palabra alguna
ante tal santidad de ángeles,
pues ya no soy igual a ellos,
desde que a el le conocí.
Pero el corazón no me deja callar
y no atino mas que decir:
... me he enamorado de un ángel negro,
que esta alcanzando la luz.
Le ando buscando.
-¿Le habéis visto acaso?
Ellos respondieron con un silencio desgarrador
y siguieron su camino sin decir mas,
pues no entendieron mi destino.
¡Ah mi dulce amado!
Que diera yo encontrarte hoy,
sin prisa, sin temores, y así poder amarnos
en medio de este hermoso cielo.
Ruega para que así sea.
Hoy quiero estar contigo.
Mi alma te desea.