Vence con su tesón todo infortunio,
semilla que con viento
se puso en movimiento
en un atardecer del mes de junio.
Cayó en lugar oscuro,
profundo e inseguro,
no llegaba la luz del plenilunio.
Gestó finas raíces,
un tallo y por narices
llegó a la superficie en novilunio.
La luz de una mañana reluciente
hace crecer el tallo,
con un poco de orvallo
que escapa en un suspiro de repente.
Y abre la margarita
soberbia coronita
que brilla al sol en tono refulgente.
Con firme fortaleza
nos muestra su belleza
efímera en lo seco del ambiente.