Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
El rumor del aire entre las ramas desnudas de los árboles, llega, rítmico, susurrante, lleno de lejanas esencias, evocando otros confines. Como un arrullo, como el arrullo del agua, de las olas, cantándole a la playa.
No he nacido a la vera del mar; sin embargo el mar y yo, no somos extraños. Me llama a veces, con voz tonante, irresistible, clara y yo quiero correr, buscarle, sumergirme. Espesura de aguas en que uno, ardientemente se rebautizara.
Ahora me llega su grito en el silencio. En esta tarde de Castilla, mustia y seca, resuena el mar en mis oídos. Tira de mi pecho su lejano eco.
Lejos estoy del mar; lejos también de quien quiero. Mi sino, mi condena: lejos siempre, ansiando, ya maduro, gozos de primavera.
No he nacido a la vera del mar; sin embargo el mar y yo, no somos extraños. Me llama a veces, con voz tonante, irresistible, clara y yo quiero correr, buscarle, sumergirme. Espesura de aguas en que uno, ardientemente se rebautizara.
Ahora me llega su grito en el silencio. En esta tarde de Castilla, mustia y seca, resuena el mar en mis oídos. Tira de mi pecho su lejano eco.
Lejos estoy del mar; lejos también de quien quiero. Mi sino, mi condena: lejos siempre, ansiando, ya maduro, gozos de primavera.
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