Elisalle
Poetisa
En busca de un abrazo voy
hasta que se acabe el camino.
Podría suceder que llegando la tarde
lo mismo necesite un peregrino.
Hay ocasos anaranjados rosas y café.
No sé qué día haga mañana.
El clima es incierto y yo
¡tengo tata pena!
Tanta pena que me ahueca el estómago.
Como ser humano no soy inmune
y me dicen que no escriba a la pena.
Yo le escribo no más porque hace parte en la vida.
Porque no es sólo risa la vida.
También hay tormentos que acobardan
y hacen vulnerable la existencia.
Es tranquila mi pena y no llora.
Si pudiera hacerlo descansaría porque
¡ay qué pesa!
Porque el hueco en el estómago arde.
¡Son tan vacías las manos a veces!
Tan vacías que no aprietan el abrazo.
Ese que necesito y no tengo.
¿Con qué cara lo ando pidiendo?
Con esta misma que se cae de sentimiento.
Que si me voy soy cobarde y si me quedo soy valiente.
Yo quiero las dos cosas
y es esto mismo que no comprendo.
Dame un abrazo que me traspase a las venas.
La fuerza de tu sangre que se imprima en la mía.
¡Víveme tu pena!
No tengas vergüenza que nadie va a saberlo
ni les va a importar siquiera
y yo que ya no creo como antes
es posible que termine en confieso
y rece un rosario completo
¡y para qué!
si voy a salir del confeso y volveré a tener pena...
Mejor sigo buscando el abrazo.
Ese que todavía no llega.
¡Es que hay tanta prisa en las calles!
y tan pocos abrazos en la vereda.
*
(Elisalle) María Margarita Pérez Vallejos
09/02/2018
@
Inscripción 240.688
hasta que se acabe el camino.
Podría suceder que llegando la tarde
lo mismo necesite un peregrino.
Hay ocasos anaranjados rosas y café.
No sé qué día haga mañana.
El clima es incierto y yo
¡tengo tata pena!
Tanta pena que me ahueca el estómago.
Como ser humano no soy inmune
y me dicen que no escriba a la pena.
Yo le escribo no más porque hace parte en la vida.
Porque no es sólo risa la vida.
También hay tormentos que acobardan
y hacen vulnerable la existencia.
Es tranquila mi pena y no llora.
Si pudiera hacerlo descansaría porque
¡ay qué pesa!
Porque el hueco en el estómago arde.
¡Son tan vacías las manos a veces!
Tan vacías que no aprietan el abrazo.
Ese que necesito y no tengo.
¿Con qué cara lo ando pidiendo?
Con esta misma que se cae de sentimiento.
Que si me voy soy cobarde y si me quedo soy valiente.
Yo quiero las dos cosas
y es esto mismo que no comprendo.
Dame un abrazo que me traspase a las venas.
La fuerza de tu sangre que se imprima en la mía.
¡Víveme tu pena!
No tengas vergüenza que nadie va a saberlo
ni les va a importar siquiera
y yo que ya no creo como antes
es posible que termine en confieso
y rece un rosario completo
¡y para qué!
si voy a salir del confeso y volveré a tener pena...
Mejor sigo buscando el abrazo.
Ese que todavía no llega.
¡Es que hay tanta prisa en las calles!
y tan pocos abrazos en la vereda.
*
(Elisalle) María Margarita Pérez Vallejos
09/02/2018
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