Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Así es la soledad,
pesada y perezosa,
y adormecida llena los minutos,
se mira en la baldosa,
y cadenciosa entre paredes baila,
aunque la luz del sol no le molesta,
silencios absolutos,
son amos de rincones en su siesta.
pesada y perezosa,
y adormecida llena los minutos,
se mira en la baldosa,
y cadenciosa entre paredes baila,
aunque la luz del sol no le molesta,
silencios absolutos,
son amos de rincones en su siesta.
La mosca libre vuela,
no sabe ni de miedos, ni dolores,
y corta la rutina con una curva negra.
Ha de saber que no estará la abuela
con su pequeño paño de colores,
que recortó un ayer de una cortina.
Ahora está la mosca en el silencio...
y ahora libre vuela,
pues no está la cortina
y ya no está la abuela.
La soledad, se adueña de la casa,
hasta los muebles saben a vacío.
Por simple olvido el tiempo aquí no pasa,
y no se asoma el tibio sol, ni el frío.
El polvo ahora es libre
y duerme en los asientos.
Y aquellas melodías ocarinas,
que oyera en otros tiempos,
que saludando al sol vi a los canarios,
se fueron con los vientos,
y aquellos también hoy se hacen necesarios.
Ahora ya no están bellos cantores,
ni jaulas en el patio,
y el viento no se cuela
resbalando en los aleros del tejado.
Ahora ya no llegan copetones,
y ya no está la abuela.
Una bandada de recuerdos,
abre la puerta llenando la casa.
Y pintan las paredes y rincones.
¡Oh!, la vida fueron ratos,
de bellas emociones.
Las luces, las palabras y las sombras,
las lámparas brillaban,
las risas, las cortinas, las alfombras,
ventanas que alumbraban.
Y en todos los momentos de alegría
estaba allí la abuela,
pasando de la sala a la cocina,
y un radio con su música de cuerda,
o su radionovela.
Y ya no está la radio,
efímera compañera en el tiempo de escuela.
Y ya no están las luces,
y ya no está la abuela.
Si el tiempo tiene culpa o es la vida,
es algo que no importa en el instante.
Quedaron los recuerdos en la mente,
se fue el pasado, se acostó el presente.
Así, como se va la primavera,
como se apaga el fuego de una vela,
ya se marchó la vida,
y se marchó la abuela.
no sabe ni de miedos, ni dolores,
y corta la rutina con una curva negra.
Ha de saber que no estará la abuela
con su pequeño paño de colores,
que recortó un ayer de una cortina.
Ahora está la mosca en el silencio...
y ahora libre vuela,
pues no está la cortina
y ya no está la abuela.
La soledad, se adueña de la casa,
hasta los muebles saben a vacío.
Por simple olvido el tiempo aquí no pasa,
y no se asoma el tibio sol, ni el frío.
El polvo ahora es libre
y duerme en los asientos.
Y aquellas melodías ocarinas,
que oyera en otros tiempos,
que saludando al sol vi a los canarios,
se fueron con los vientos,
y aquellos también hoy se hacen necesarios.
Ahora ya no están bellos cantores,
ni jaulas en el patio,
y el viento no se cuela
resbalando en los aleros del tejado.
Ahora ya no llegan copetones,
y ya no está la abuela.
Una bandada de recuerdos,
abre la puerta llenando la casa.
Y pintan las paredes y rincones.
¡Oh!, la vida fueron ratos,
de bellas emociones.
Las luces, las palabras y las sombras,
las lámparas brillaban,
las risas, las cortinas, las alfombras,
ventanas que alumbraban.
Y en todos los momentos de alegría
estaba allí la abuela,
pasando de la sala a la cocina,
y un radio con su música de cuerda,
o su radionovela.
Y ya no está la radio,
efímera compañera en el tiempo de escuela.
Y ya no están las luces,
y ya no está la abuela.
Si el tiempo tiene culpa o es la vida,
es algo que no importa en el instante.
Quedaron los recuerdos en la mente,
se fue el pasado, se acostó el presente.
Así, como se va la primavera,
como se apaga el fuego de una vela,
ya se marchó la vida,
y se marchó la abuela.
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