Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Mi ultima experiencia en una cama de hospital
!Bip;! !Bip! !Bip!
El eco de lo que resta de mi vida
con avaricia, en una pantalla
de monitor en un hospital es medida.
¡Drip! ¡Drip! ¡Drip!
Gotas de vida
que alimentan el desierto
en que habita mis venas.
Locas agujas
con sus ponzoñas vengativas
me penetran con dulce sadismo
la piel adolorida.
Desde las cuatro esquinas
del pequeño cuarto
imponen su recia presencia
cuatro criaturas haladas.
Sus miradas inquisitivas
me desnudan de un tajo la vergüenza
y me roban con astucia y sin misericordia
la poca dignidad humana
que abraza este cuerpo mal herido.
Halcones rabiosos
velan mi cama impacientemente
el final implícito en la mirada
cansada han trasnochado.
Con sus garras revestidas
de silencio crónico
destrozan mis entrañas con violencia
Buscan y rebuscan ansiosamente
el lado oscuro, donde anida mi alma.
Los recónditos secretos borbotean por montón:
la maldita lujuria en camas ajenas
la bella adicción a la dulce pasión
del sublime sexo
y la extasiada e impúdica línea
de cristal en las narices
para alterar la dolorida realidad.
Ante sus ojos, no hay perdón
nada que incite el péndulo
de la balanza a mi favor.
La justicia me ha condenado
!Culpable por el exceso de vivir!
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
El unísono eco de mis pasos
están siendo guiado
por mis actuaciones juveniles.
¡Bip;! ¡Bip! ¡Bip!
¡Drip! ¡Drip! ¡Drip!
Un beso de morfina en la frente
fría estocada al subconsciente.
La puerta de la realidad cruje
ante el peso del fármaco
mientras cierra sus cansados ojos
la impúdica prudencia.
Aspiro con vehemencia,
pero no encuentro la dicha profunda
al borde de mi vida.
Los cuatro Ángeles guían mi cuerpo
hipnotizado por el miedo a la realidad.
-¡Abran paso!
-Una voz con eco cansado repite.
Un condenado a muerte busca su paga.
Al fondo del camino,
ausente esta la calma
una lluvia intermitente de recuerdos
me niega el sueño.
La imagen del gran Dios
pronosticada por la religión
al final del túnel
hace sentir con además autoritarios
la ausencia de su perdón.
¡Estoy horriblemente solo!
¡Drip! ¡Bip;!
¡Bip;! ¡Drip!
No existe el cielo en mi futuro.
La mano que congela el tiempo
en la pupila de mi esperanza
se desvanece miserablemente
y solo pronostica
las llamas del averno
en la realidad que hoy habito.
!Bip;! !Bip! !Bip!
El eco de lo que resta de mi vida
con avaricia, en una pantalla
de monitor en un hospital es medida.
¡Drip! ¡Drip! ¡Drip!
Gotas de vida
que alimentan el desierto
en que habita mis venas.
Locas agujas
con sus ponzoñas vengativas
me penetran con dulce sadismo
la piel adolorida.
Desde las cuatro esquinas
del pequeño cuarto
imponen su recia presencia
cuatro criaturas haladas.
Sus miradas inquisitivas
me desnudan de un tajo la vergüenza
y me roban con astucia y sin misericordia
la poca dignidad humana
que abraza este cuerpo mal herido.
Halcones rabiosos
velan mi cama impacientemente
el final implícito en la mirada
cansada han trasnochado.
Con sus garras revestidas
de silencio crónico
destrozan mis entrañas con violencia
Buscan y rebuscan ansiosamente
el lado oscuro, donde anida mi alma.
Los recónditos secretos borbotean por montón:
la maldita lujuria en camas ajenas
la bella adicción a la dulce pasión
del sublime sexo
y la extasiada e impúdica línea
de cristal en las narices
para alterar la dolorida realidad.
Ante sus ojos, no hay perdón
nada que incite el péndulo
de la balanza a mi favor.
La justicia me ha condenado
!Culpable por el exceso de vivir!
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
El unísono eco de mis pasos
están siendo guiado
por mis actuaciones juveniles.
¡Bip;! ¡Bip! ¡Bip!
¡Drip! ¡Drip! ¡Drip!
Un beso de morfina en la frente
fría estocada al subconsciente.
La puerta de la realidad cruje
ante el peso del fármaco
mientras cierra sus cansados ojos
la impúdica prudencia.
Aspiro con vehemencia,
pero no encuentro la dicha profunda
al borde de mi vida.
Los cuatro Ángeles guían mi cuerpo
hipnotizado por el miedo a la realidad.
-¡Abran paso!
-Una voz con eco cansado repite.
Un condenado a muerte busca su paga.
Al fondo del camino,
ausente esta la calma
una lluvia intermitente de recuerdos
me niega el sueño.
La imagen del gran Dios
pronosticada por la religión
al final del túnel
hace sentir con además autoritarios
la ausencia de su perdón.
¡Estoy horriblemente solo!
¡Drip! ¡Bip;!
¡Bip;! ¡Drip!
No existe el cielo en mi futuro.
La mano que congela el tiempo
en la pupila de mi esperanza
se desvanece miserablemente
y solo pronostica
las llamas del averno
en la realidad que hoy habito.
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