Población-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un viejo ataúd con dos perros

formando consigna idéntica sobre

atriles de perfumada belleza endeble.

Hay dos lagartos utilitarios que rondan

las esquinas multiplicándose, adecuándose

en instantes, a la mágica procesión abandonada.

Hay labios, y un germen de posesión, y una

nodriza que busca los límites de lo patético.

Hay un corazón cansado, un país vegetal,

que anuncia su retirada justo cuando penetran

los bosques en los pulmones.

Hay un caso de meningitis previsto en los periódicos,

dos o tres ausentes cuyo vaso permanece cerrado,

y un transeúnte infatigable que recorre las médulas

de los consejeros.

Un fósforo ardido sobre una pared abolida

un cansancio de cometas estrenadas en la noche,

un impresor nostálgico que abruma considerablemente.

Un camión de mudanzas que aguanta el peso de los nubarrones,

el barro siempre entregado a tiempo y a destiempo, una línea

insomne de vértigos ocupados en entretener a una dama fugitiva.

Hay un cancionero ostentoso que perfora los látigos del alma,

un aburrido ministerio de cosas oblongas, un piano de lluvia

que atardece sin producir ruido.

Hay un alba de días por deslucir su entraña,

un cántico de sábanas que arden sin ser vistas,

un almacén de penumbras que soportan las águilas.

Un sonido de aventuras que trastornan los ecos

de la mañana, un aullido de ondas vegetales

que anidan, sobre camas parturientas de hambre

y sombra.



©
 
Hay un viejo ataúd con dos perros

formando consigna idéntica sobre

atriles de perfumada belleza endeble.

Hay dos lagartos utilitarios que rondan

las esquinas multiplicándose, adecuándose

en instantes, a la mágica procesión abandonada.

Hay labios, y un germen de posesión, y una

nodriza que busca los límites de lo patético.

Hay un corazón cansado, un país vegetal,

que anuncia su retirada justo cuando penetran

los bosques en los pulmones.

Hay un caso de meningitis previsto en los periódicos,

dos o tres ausentes cuyo vaso permanece cerrado,

y un transeúnte infatigable que recorre las médulas

de los consejeros.

Un fósforo ardido sobre una pared abolida

un cansancio de cometas estrenadas en la noche,

un impresor nostálgico que abruma considerablemente.

Un camión de mudanzas que aguanta el peso de los nubarrones,

el barro siempre entregado a tiempo y a destiempo, una línea

insomne de vértigos ocupados en entretener a una dama fugitiva.

Hay un cancionero ostentoso que perfora los látigos del alma,

un aburrido ministerio de cosas oblongas, un piano de lluvia

que atardece sin producir ruido.

Hay un alba de días por deslucir su entraña,

un cántico de sábanas que arden sin ser vistas,

un almacén de penumbras que soportan las águilas.

Un sonido de aventuras que trastornan los ecos

de la mañana, un aullido de ondas vegetales

que anidan, sobre camas parturientas de hambre

y sombra.



©

Cada poeta entiende la poesía de diferente forma amigo Ben. Lo a suya solo puede entenderse desde la perspectiva del poeta.
Enhorabuena por tratar de encadenar sus versos. Un abrazo
 
Hay un viejo ataúd con dos perros

formando consigna idéntica sobre

atriles de perfumada belleza endeble.

Hay dos lagartos utilitarios que rondan

las esquinas multiplicándose, adecuándose

en instantes, a la mágica procesión abandonada.

Hay labios, y un germen de posesión, y una

nodriza que busca los límites de lo patético.

Hay un corazón cansado, un país vegetal,

que anuncia su retirada justo cuando penetran

los bosques en los pulmones.

Hay un caso de meningitis previsto en los periódicos,

dos o tres ausentes cuyo vaso permanece cerrado,

y un transeúnte infatigable que recorre las médulas

de los consejeros.

Un fósforo ardido sobre una pared abolida

un cansancio de cometas estrenadas en la noche,

un impresor nostálgico que abruma considerablemente.

Un camión de mudanzas que aguanta el peso de los nubarrones,

el barro siempre entregado a tiempo y a destiempo, una línea

insomne de vértigos ocupados en entretener a una dama fugitiva.

Hay un cancionero ostentoso que perfora los látigos del alma,

un aburrido ministerio de cosas oblongas, un piano de lluvia

que atardece sin producir ruido.

Hay un alba de días por deslucir su entraña,

un cántico de sábanas que arden sin ser vistas,

un almacén de penumbras que soportan las águilas.

Un sonido de aventuras que trastornan los ecos

de la mañana, un aullido de ondas vegetales

que anidan, sobre camas parturientas de hambre

y sombra.



©
un gran pesar abraza tu poema, grato leerte
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba