José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
ME PIDE DISCRECIÓN
No creo en señales etéreas,
ni en salvaciones
ni condenas eternas
ni en fuerzas malévolas.
Y aún así,
un escalofrío de pavor
por mis vértebras corrió
y sobresaltó mi sueño.
Era la presencia onírica
de un desconocido ser
que a su vez me hacía
sentir parte de él.
Su rictus no expresaba
emoción alguna,
solo sus ojos mostraban paz
y una liviana tristeza.
Me indicó con señal inequívoca,
que guardara silencio.
Que no mostrara al Mundo
su obligada estrategia.
Se me presentó como mensajera
de la Madre Naturaleza, intermediaria.
Me pidió discreción,
que no difundiera
ni propagara su verdadera intención.
Que la “Mater”, como así la definió,
había decidido pasar a la acción
y doblegar a su fruto, el ser humano
antes que este lograra su destrucción.
Para ello y muy a su pesar
tuvo que valorar drásticos recursos,
y sopesar su idoneidad.
Me contó, no sin antes hacerme jurar
discreción y fidelidad.
Que iba a probar con uno de los supuestos,
que los humanos, en algunos lugares
de este mundo, que es el suyo,
habían elegido como medio de protección,
cuando la madre,
corriera serio riesgo para su vida,
¡Y vaya que si lo corre!
En este supuesto, la “Mater” sabe
que los fetos del bulbo la socavan
constantemente, hasta tal punto,
que ya no le queda tiempo
para volverse atrás,
y a pesar de su dolor,
no le queda más remedio
que abortar.
Acabo de despertar
empapado,
de temor y sudor.
Hemos terminado
siendo el rudimento,
de este amable mundo,
que avanza hacia lo cierto.
Desde lo incierto
de nosotros mismos.
Por ello,
solo creo en el hoy y ahora
y en el mañana cuando llegue
¡Cuándo llegue su hora...!
No creo en señales etéreas,
ni en salvaciones
ni condenas eternas
ni en fuerzas malévolas.
Y aún así,
un escalofrío de pavor
por mis vértebras corrió
y sobresaltó mi sueño.
Era la presencia onírica
de un desconocido ser
que a su vez me hacía
sentir parte de él.
Su rictus no expresaba
emoción alguna,
solo sus ojos mostraban paz
y una liviana tristeza.
Me indicó con señal inequívoca,
que guardara silencio.
Que no mostrara al Mundo
su obligada estrategia.
Se me presentó como mensajera
de la Madre Naturaleza, intermediaria.
Me pidió discreción,
que no difundiera
ni propagara su verdadera intención.
Que la “Mater”, como así la definió,
había decidido pasar a la acción
y doblegar a su fruto, el ser humano
antes que este lograra su destrucción.
Para ello y muy a su pesar
tuvo que valorar drásticos recursos,
y sopesar su idoneidad.
Me contó, no sin antes hacerme jurar
discreción y fidelidad.
Que iba a probar con uno de los supuestos,
que los humanos, en algunos lugares
de este mundo, que es el suyo,
habían elegido como medio de protección,
cuando la madre,
corriera serio riesgo para su vida,
¡Y vaya que si lo corre!
En este supuesto, la “Mater” sabe
que los fetos del bulbo la socavan
constantemente, hasta tal punto,
que ya no le queda tiempo
para volverse atrás,
y a pesar de su dolor,
no le queda más remedio
que abortar.
Acabo de despertar
empapado,
de temor y sudor.
Hemos terminado
siendo el rudimento,
de este amable mundo,
que avanza hacia lo cierto.
Desde lo incierto
de nosotros mismos.
Por ello,
solo creo en el hoy y ahora
y en el mañana cuando llegue
¡Cuándo llegue su hora...!
José Ignacio Ayuso Díez