José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
ECLIPSE DE AMOR
El poso de mis sentimientos
cabalga ocioso en el tiempo.
Compone versos marchitos,
a la deprimente espera sin descanso.
Sin tregua, sin desgarro de venas,
sin sofocos, ni espanto.
Presumo...
que aumenta mi soledad y mi ego.
Mis ocres sueños huyen
de mis recuerdos manidos.
Y mi vieja almohada
de insomnios enemiga,
ya sufre de enojos y de miedos.
Ya no canta el viejo ruiseñor
mis poemas del alma.
Ni susurra mis versos
a escondidas del alba.
Mi pasado mediocre
de infausto poeta
se adhiere y se mofa,
de mi canto y de mi estrofa.
Y ahora se cuelgan de la brisa
que enmarca mi ausencia,
y combaten codo con codo
la afónica voz de mi presencia.
Ya no pueden ganar las batallas,
ni enterrar el hacha sin guerra.
Ahora, solo les queda llorar...
Llorar junto a la urna
de un corazón yermo,
por su inoperancia en el amor,
por su falta de redaños y ambición.
Complicado síntoma en
esponjosa situación de caos
que anida e incuba del cuco
su parásito desprecio
del amor verdadero,
desprotegido...
Desierto quedó de colores,
desierto quedó de flores y de amores,
desierto quedó... y busca sin convicción
aquella llama encendida
en el candil de su vida,
que no recuperó.
Rompe a trizas las campanas
y los gongs con su ira.
No reconoce su suerte,
no reconoce su vida.
Y anuncia su muerte,
y anuncia... su cobardía.
El poso de mis sentimientos
cabalga ocioso en el tiempo.
Compone versos marchitos,
a la deprimente espera sin descanso.
Sin tregua, sin desgarro de venas,
sin sofocos, ni espanto.
Presumo...
que aumenta mi soledad y mi ego.
Mis ocres sueños huyen
de mis recuerdos manidos.
Y mi vieja almohada
de insomnios enemiga,
ya sufre de enojos y de miedos.
Ya no canta el viejo ruiseñor
mis poemas del alma.
Ni susurra mis versos
a escondidas del alba.
Mi pasado mediocre
de infausto poeta
se adhiere y se mofa,
de mi canto y de mi estrofa.
Y ahora se cuelgan de la brisa
que enmarca mi ausencia,
y combaten codo con codo
la afónica voz de mi presencia.
Ya no pueden ganar las batallas,
ni enterrar el hacha sin guerra.
Ahora, solo les queda llorar...
Llorar junto a la urna
de un corazón yermo,
por su inoperancia en el amor,
por su falta de redaños y ambición.
Complicado síntoma en
esponjosa situación de caos
que anida e incuba del cuco
su parásito desprecio
del amor verdadero,
desprotegido...
Desierto quedó de colores,
desierto quedó de flores y de amores,
desierto quedó... y busca sin convicción
aquella llama encendida
en el candil de su vida,
que no recuperó.
Rompe a trizas las campanas
y los gongs con su ira.
No reconoce su suerte,
no reconoce su vida.
Y anuncia su muerte,
y anuncia... su cobardía.
José Ignacio Ayuso.
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