José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
QUE LA FOTO NO TE ENGAÑE.
Qué veo en esta viñeta de apariencia divina y sensual?
Qué observo… qué me inspira?
No sería justo si solo me quedara con lo superficial,
… con una escena aparente de amor,
entre lo onírico y lo sensual…
posiblemente, no lo voy a negar,
tiene fuerza estética... pero nada más.
Son dos especímenes hermosos,
de cuerpos esculturales que inspiran sensualidad.
Pero no, no puedo quedarme en la estética banal,
debo pararme y meditar sobre lo que hay entre líneas,
sobre lo subliminal.
Es una escena de poder,
de sometimiento ancestral,
donde una mujer es dominada, sometida,
inmóvil a la fuerza del hombre,
debajo de él, tanto para bien como para mal.
Está tan interiorizado en la sociedad,
que hasta, incluidas muchas mujeres,
nos parece normal.
En esta imagen se refleja la supremacía atávica del hombre
un atavismo de tal crueldad que pretende subyugar
a cualquier criatura viviente de este planeta
o de cualquier otro lugar.
Y sí, el hombre…
ama a la mujer y… a la mujer teme.
Idolatra a la mujer y… a la mujer mata.
Pero la mujer lo pare y la mujer le da la vida.
La mujer lo cría. La mujer lo educa y también lo mima.
La mujer madre, por él, incluso da su propia vida.
La mujer es la figura central en la vida del hombre,
sin la mujer no somos, sin la mujer no existimos.
No nos convirtamos en los cuervos que le sacaran los ojos.
Seamos agradecidos. Y agradezcamos al ingeniero de la creación,
la obra maestra sin parangón… la MUJER.
Y si un género debiera estar por encima del otro,
y que técnicamente no nos necesita,
no lo dudéis, ese, sería la MUJER...