Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal

Que no te dejen sola ante la muerte.
Tú la cantaste y fuiste
solo el pájaro de la soledad cantando.
Tú descubriste velos que a las mujeres
anteponían
para mancillarlas luego, pero luego
cantaste a la muerte para que no retrocediera
cuando tuvieses que nombrar la vida.
La tibia que enarbolaste con tus banderas
sigue siendo tan tibia
en la noche del hombre.
¿Acaso pueden enterrar el poema?
Los niños volvieron a una ronda
interminable de panes
y tú, Gabriela, fuiste dando pedacitos
de flores para las cuencas tibias,
pedacitos de tu corazón
entre la noche
de pronto iluminada.
Que no te dejen sola los latidos.
De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS
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