Amores estelares-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Tú, sombra enajenada,

sombra sin fin, tentáculo

inquieto, orilla crepúsculo,

rocío sifilítico, caverna insondable,

flecha enamorada, júbilo impertinente,

risa atropellada, cántico desaforado

que enorgullece a las masas. Tú, sí,

reclamo impenitente, receptáculo que

todo el odio acumulas, hasta reventarlo,

hasta abrigarlo bajo tus senos y enterrarlo

entre tus piernas espasmódicas, rectángulo

inicial que transfigura el cómodo calor insensible.

Y me rozas, y te rozo, existe

un goce íntimo que espabila mi mente,

una náusea precedente que origina

caballos frente a la laguna desvanecida.

Y un cúmulo de reptiles que frecuentan

lagartos de dura fibra, todo en ti,

exactamente. Sí, nodriza vestigio,

lo que te odia, lo que te enamora,

la senectud incierta de la que procedes,

tus instintos asesinos debilitados, las

amalgamas improductivas, las enredaderas

prometidas, como una tierra apenas cultivable.

De entre tus finas arenas, la lengua quema.

Yo percibo el grupo de tus caracoles, aproximarse

con cariño y ternura, a mi frente en desuso. Y la

oigo lastimarse contra las venas apenas calcificadas.

Todo el temblor, hoja tras hoja, seto construido,

pernocta en mis axilas, lagarto invulnerable, secuencia

de sonido que exige materias decadentes, podredumbre

amanecida. Oh, cómo, no sabes cuánto, llegué

a odiarte, sínodo, presencia instaurada de antes

de mi nacimiento. Pero

ahora, cansado de tirar del uncido carro,

presiento lo innato y busco

la flor entre los cuarteles destartalados.

Y miro, y busco, y exijo

y me miran, y me buscan, y me exigen.

Y yo tiro de las riendas florecidas,

de los hombros desnudados, de las vértebras

desunidas, de los órganos acumulados, sí,

mi estalactita favorita, mi núcleo decapitado,

oh, cómo floreces desde tierras ampliamente

demolidas. Entonces, con lenguajes implacables,

con estulticias demoradas, con ojos biliosos,

la sangre se vierte, mi sangre de repente, de súbito

se vierte, como un clima azotado por sus crímenes.

Y hay una llaga universal que contra mí arremete,

un vestido de flores que me espera, un número

en la frente degollada que no entiende de numerologías.

Y es entonces cuando más te quiero

sombra de mí, desterrada, destronada,

abocada únicamente a las estrellas presentidas-.





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