La noche se diluyo
despacio, en silencio
entre tu cuerpo y mi pensamiento.
Aliso la entrada
de las teclas sordas
de la nieve
en la pequeña terraza
que alegra mi cuarto
en las madrugadas.
No deshizo el frío
las llamas del ciclamen
pero se calentaron
mis sueños,
tu respiración ajena
al hielo de la calle
al frío de las ideas
que mas que por mi cabeza
pasan por mi vientre
cubriéndome toda,
hasta que tu cuerpo se mueve
para apretarme mas contra el día
que nace blanco y gris
y con pasos de escarcha
se detiene
en nuestra puerta.
Hoy es fiesta
y la mañana se alarga
indefinidamente
hasta que la pereza se sacie
entre el arrullo de los suspiros,
de los silencios,
de los sueños confundidos.
Es el canto de la felicidad serena,
velada por lo diario;
de una vida hecha
a golpe de risas,
consensos,
y llantos a veces,
pero llantos que calman,
limpian
y hacen navegar
entre la sal de las lagrimas,
la barca ligera de nuestros deseos
hechos realidad
antes que soñados.
Es la memoria de la piel
la que nos atrae
y nos hace ceder
de nuestros enfados.
Es el escuchar tu voz
con cantos de sobras conocidos
y siempre deseados
lo que pára mi tiempo
y aligera mi vida
hasta la dicha
que siempre deseé
reconociéndola
muy despacio hoy
entre tus brazos
el tiempo gélido
y la larga mañana
de un día festivo.
despacio, en silencio
entre tu cuerpo y mi pensamiento.
Aliso la entrada
de las teclas sordas
de la nieve
en la pequeña terraza
que alegra mi cuarto
en las madrugadas.
No deshizo el frío
las llamas del ciclamen
pero se calentaron
mis sueños,
tu respiración ajena
al hielo de la calle
al frío de las ideas
que mas que por mi cabeza
pasan por mi vientre
cubriéndome toda,
hasta que tu cuerpo se mueve
para apretarme mas contra el día
que nace blanco y gris
y con pasos de escarcha
se detiene
en nuestra puerta.
Hoy es fiesta
y la mañana se alarga
indefinidamente
hasta que la pereza se sacie
entre el arrullo de los suspiros,
de los silencios,
de los sueños confundidos.
Es el canto de la felicidad serena,
velada por lo diario;
de una vida hecha
a golpe de risas,
consensos,
y llantos a veces,
pero llantos que calman,
limpian
y hacen navegar
entre la sal de las lagrimas,
la barca ligera de nuestros deseos
hechos realidad
antes que soñados.
Es la memoria de la piel
la que nos atrae
y nos hace ceder
de nuestros enfados.
Es el escuchar tu voz
con cantos de sobras conocidos
y siempre deseados
lo que pára mi tiempo
y aligera mi vida
hasta la dicha
que siempre deseé
reconociéndola
muy despacio hoy
entre tus brazos
el tiempo gélido
y la larga mañana
de un día festivo.