Siempre hay límites. Entonces, decía San Agustín, que la única medida del Amor, es el Amor sin medida. Se refería a la diversidad. ¡ Creced y multiplicaos, y poblad la Tierra ! Pero en cada región del mundo, proliferó una ramificación específica. Con lo cuál, hoy por hoy, parece sorprendente encontrar a un semejante africano, o australiano, o chino, o vietnamita. El remedio contra ese susto, está en hablar un mismo idioma. Ese idioma puede ser el lenguaje no verbal, de los gestos y las miradas. Es un lenguaje primitivo que compartimos con los animales. Pero lo ideal es aprender inglés, todos. O si triunfa el español, pues español. Para que la Humanidad pueda disfrutar de estar junta, y no tan endiabladamente escondida.