BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sé de un poeta que te gustaba
que te gustaba además de su música,
aquellas letras intimistas y llenas
de desconsuelo forzado. Sé de aquellas
hojas que acariciaste en la noche, y sé
de su brisa igualmente. De lo deteriorado
y de lo innombrable, de lo demorado
a fuerza de lágrimas, y de tu pecho incandescente,
de hombre feliz, quizás risueño, en el día de tu boda.
Sé de aquellos apellidos malditos y de la luz
de luciérnaga borracha que te acompañó al cementerio.
Sé de las lunas y de los soles que en tu boca
entonces se marchitaron, los ecos amistosos
que entonaron tu canción, la de todos.
Sé de aquello perdido y hermoso,
de los momentos idos para siempre,
y de la belleza malgastada
con los jefes.
De aquello que salió forzoso
del horno de las pasiones prohibidas.
De aquellos ruidos domésticos
del daño anónimo
de cárceles y libélulas.
De las sombras y los amaneceres,
y de tantas risas en los bares.
©
que te gustaba además de su música,
aquellas letras intimistas y llenas
de desconsuelo forzado. Sé de aquellas
hojas que acariciaste en la noche, y sé
de su brisa igualmente. De lo deteriorado
y de lo innombrable, de lo demorado
a fuerza de lágrimas, y de tu pecho incandescente,
de hombre feliz, quizás risueño, en el día de tu boda.
Sé de aquellos apellidos malditos y de la luz
de luciérnaga borracha que te acompañó al cementerio.
Sé de las lunas y de los soles que en tu boca
entonces se marchitaron, los ecos amistosos
que entonaron tu canción, la de todos.
Sé de aquello perdido y hermoso,
de los momentos idos para siempre,
y de la belleza malgastada
con los jefes.
De aquello que salió forzoso
del horno de las pasiones prohibidas.
De aquellos ruidos domésticos
del daño anónimo
de cárceles y libélulas.
De las sombras y los amaneceres,
y de tantas risas en los bares.
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