charlie ía
tru váyolens
te subiría desafiante a mi montura, pequeña
a cabalgar la tarde de la playa
de todos los santos;
ponerte un nombre que evoque la perfección
de la velocidad con la que mueren
las estrellas
que van quedando tiradas
a mitad de una escalera de caracol
que bien podríamos ocupar para filmar
una larga escena porno.
la causa de muerte oficial leería:
desconocida a la oficina del forense
del condado de milwaukee.
pero vos sabés que no desconocida
a las oficinas del amor
que tramitan en negro
cuando nos miramos a los ojos.
de todas formas
aquí en la playa de todos los santos
desconocemos tantas cosas:
la causa de muerte
de los muchachos que van quedando tirados
en esta larga escena porno,
coreografiada por la brutal policía del gobierno.
la perfección de la velocidad:
de las balas
que atraviesan la carne de la garganta
para hacernos callar
a los malditos.
por ejemplo, la belleza de la luna
precisamente durante esas noches
en que el fuego de los alabastros
alcanza a las estrellas.
aferrate así, pequeña. calladita vos
sin que venga al caso,
y sin que de tus labios
maravillosamente delineados
surja
la palabra mínima
el axioma del tedio
y de la hijoputez
que compense nuestra incapacidad
de comprender
los
mensajes
que provienen de la noche.
sin una sola palabra de desesperanza
que atraviese la garganta prematuramente;
y ni siquiera una palabra
de esperanza sola
que por el más terrorífico de los segundos
nos haga creer en la posibilidad
de un amor posible en esta oscuridad del espacio,
uno que no conozca de causas oficiales
en el planeta de los simios.
a cabalgar la tarde de la playa
de todos los santos;
ponerte un nombre que evoque la perfección
de la velocidad con la que mueren
las estrellas
que van quedando tiradas
a mitad de una escalera de caracol
que bien podríamos ocupar para filmar
una larga escena porno.
la causa de muerte oficial leería:
desconocida a la oficina del forense
del condado de milwaukee.
pero vos sabés que no desconocida
a las oficinas del amor
que tramitan en negro
cuando nos miramos a los ojos.
de todas formas
aquí en la playa de todos los santos
desconocemos tantas cosas:
la causa de muerte
de los muchachos que van quedando tirados
en esta larga escena porno,
coreografiada por la brutal policía del gobierno.
la perfección de la velocidad:
de las balas
que atraviesan la carne de la garganta
para hacernos callar
a los malditos.
por ejemplo, la belleza de la luna
precisamente durante esas noches
en que el fuego de los alabastros
alcanza a las estrellas.
aferrate así, pequeña. calladita vos
sin que venga al caso,
y sin que de tus labios
maravillosamente delineados
surja
la palabra mínima
el axioma del tedio
y de la hijoputez
que compense nuestra incapacidad
de comprender
los
mensajes
que provienen de la noche.
sin una sola palabra de desesperanza
que atraviese la garganta prematuramente;
y ni siquiera una palabra
de esperanza sola
que por el más terrorífico de los segundos
nos haga creer en la posibilidad
de un amor posible en esta oscuridad del espacio,
uno que no conozca de causas oficiales
en el planeta de los simios.