BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
El aire arrecia
es una prisión momentánea
que calcina piras de papeles,
sustituye los miembros aplazados
destruye las avenidas con cabelleras
busca la luna danzante de hace tres días.
El aire erosiona torres instantáneas,
una risa grávida, la flor tornasolada
del girasol invencible. La flor busca
abrirse, dejarse como piel la enredadera,
de su cuerpo marchito entre abedules intactos.
Y me llevas, de la mano, lejos, casi
al instante.
No te explico, te doy zumos o néctares,
recién exprimidos, frutales salvajes, silvestres.
Residen en mí, formas opulentas, del cuerpo
humedecido que me persigue, en las noches hambrientas.
Alzo milagrosos los ojos bendecidos,
observando tu imagen venerada, se excluyen,
mutuamente, redimidos por ventanas y óxidos.
©
es una prisión momentánea
que calcina piras de papeles,
sustituye los miembros aplazados
destruye las avenidas con cabelleras
busca la luna danzante de hace tres días.
El aire erosiona torres instantáneas,
una risa grávida, la flor tornasolada
del girasol invencible. La flor busca
abrirse, dejarse como piel la enredadera,
de su cuerpo marchito entre abedules intactos.
Y me llevas, de la mano, lejos, casi
al instante.
No te explico, te doy zumos o néctares,
recién exprimidos, frutales salvajes, silvestres.
Residen en mí, formas opulentas, del cuerpo
humedecido que me persigue, en las noches hambrientas.
Alzo milagrosos los ojos bendecidos,
observando tu imagen venerada, se excluyen,
mutuamente, redimidos por ventanas y óxidos.
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