Andrés Romo
Poeta recién llegado
En la extrañeza cotidiana de mis manos,
habita el frío en el silencio de mis sueños,
ya mis dedos se desentienden muy ufanos
como queriendo independencia de mis años.
En la aburrida rutinaria de mis diarios,
el polvo del ayer se mezcla con la brisa,
pues ya le pesan a este cuerpo ocho denarios
de alegrías, de penas, del llanto y de risas.
Solo queda esperar de mi ciclo el final,
la vida jugó conmigo, jugué en su erial,
no le debo ni me debe, así es de banal,
solo quiero dejar mi cuerpo y descansar.
Andrés Romo
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