La voz del árbol-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Y soy del aire.

Brusquedad atestiguada,

sombría enumeración de objetos,

taciturna proclamación insana,

vestigio voraz que dilapida

su esencia furtiva, al acecho.

Dignifico mis horas:

contemplo el porvenir,

lleno de agujeros y de recipientes,

de cuervos insensibles, que mastican

un aura vengativa.

Como ejercen sobre el cúmulo

de nubes, las blancas endechas

sistematizadas: brutales equidistancias,

sombras enérgicas que aplastan tanques.

Desde la hora insostenible, viajo

por los ayeres acontecidos: vacas,

pronombres, sagrados acontecimientos

que el aire dinamita en su proporción

rescatada. Y soy del viento. Suave

cruz protagonista, del calvario de la fuente

hasta el germen opaco perenne en su triste

abadía.

Muero, vivo, me desconozco.

Vivo, y muero, otra vez resplandeciente.

Hasta exiguas trampas que acaecerán

del amanecer hasta el crepúsculo insondable.

Renazco sí, del interés de algún jerarca.

Fluyo de la arena para contaminar la vida.

De esencias nutritivas y años vencidos

al pie del roble elemental. Constituyo

la voz del árbol; la voz del aire amanecido.

Busco en la senda opuesta,

canciones o cánticos, loas u obleas,

sagrada consagración del oleaje puro.

Renazco, sí, como el mármol a su terciopelo

duro y hirsuto. Planicies desarboladas,

tempestades miméticas, alguien que murió

exactamente ayer, pronostica el relámpago

cayendo lluvias sobre los cereales dorados.

Soy del aire. Hasta la luz

fotografiada del cuerpo, hasta

la rendición preconizada del espíritu:

que fluye hasta tocar los helechos fundamentales,

las piedras duras del raído camino.



©
 
Y soy del aire.

Brusquedad atestiguada,

sombría enumeración de objetos,

taciturna proclamación insana,

vestigio voraz que dilapida

su esencia furtiva, al acecho.

Dignifico mis horas:

contemplo el porvenir,

lleno de agujeros y de recipientes,

de cuervos insensibles, que mastican

un aura vengativa.

Como ejercen sobre el cúmulo

de nubes, las blancas endechas

sistematizadas: brutales equidistancias,

sombras enérgicas que aplastan tanques.

Desde la hora insostenible, viajo

por los ayeres acontecidos: vacas,

pronombres, sagrados acontecimientos

que el aire dinamita en su proporción

rescatada. Y soy del viento. Suave

cruz protagonista, del calvario de la fuente

hasta el germen opaco perenne en su triste

abadía.

Muero, vivo, me desconozco.

Vivo, y muero, otra vez resplandeciente.

Hasta exiguas trampas que acaecerán

del amanecer hasta el crepúsculo insondable.

Renazco sí, del interés de algún jerarca.

Fluyo de la arena para contaminar la vida.

De esencias nutritivas y años vencidos

al pie del roble elemental. Constituyo

la voz del árbol; la voz del aire amanecido.

Busco en la senda opuesta,

canciones o cánticos, loas u obleas,

sagrada consagración del oleaje puro.

Renazco, sí, como el mármol a su terciopelo

duro y hirsuto. Planicies desarboladas,

tempestades miméticas, alguien que murió

exactamente ayer, pronostica el relámpago

cayendo lluvias sobre los cereales dorados.

Soy del aire. Hasta la luz

fotografiada del cuerpo, hasta

la rendición preconizada del espíritu:

que fluye hasta tocar los helechos fundamentales,

las piedras duras del raído camino.



©
Bellas ideas poéticas al servicio de tu personal manera de ver y escribir la vida. A mí me ha gustado amigo Ben. Abrazote vuela. Paco.
 
Entonces, no te animas del todo.
¡ Ben !
Fluyes...
Pero ¿ Y tu obra ? ¿ Funciona o no ? ¿ Vas a publicar algún cómic ?
 

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