homo-adictus
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He conocido varios atardeceres, uno de ellos se llamaba Sara
fue mi prima
padecía del síndrome del alma vacía
acostumbraba tener sus pensamientos como rehenes del miedo
y acostumbraba soñar por medio del diazepam.
Me enseñó a amar toda la poesía sin prejuicios, sólo por lo que es.
Otro se llamaba Hugo
trabajó toda su vida en las finanzas
se vanagloriaba de haber conocido personalmente alguno de los energúmenos
artífices del salvajismo económico que nos rige.
Dios los perdone.
Otro se llama María, es mi madre
ella es una tarde negra (de las que presagian tormentas)
hazla enojar y verás sus rayos y centellas
sus rodillas ya no pueden más, han cargado muchos mundos
… la ronda una noche fría
irremediable
amarga
insoportable.