Victor F. Sinde
Poeta recién llegado
A PACO “El Orejicas”
A ROSARIO “Morena”
Se han muerto los lunares de sus brazos.
Se han muerto sus campos y sus trabajos.
Se han muerto sus tres olivos por no saber olvidarlo.
Se han muerto los casetes de moros y cristianos.
Se han muerto los desfiles improvisados.
Se han muerto las orejas pequeñas.
Se han muerto los ojos de pillo y la nariz aguileña.
Se han muerto las heridas en la cabeza
De ir siempre sacando pecho con noventa años.
Se han muerto noventa y tres años.
Se han muerto diez y ocho cumpleaños.
Se han muerto los soles y las lunas de los mil reyes magos.
Se han muerto sus perros pulgosos
Se han muerto sus vecinos piojosos
Se han muerto sus regañinas, sus gritos, sus enfados.
Se han muerto sus miedos, sus sonrisas y sus dientes.
Se han muerto los dientes que siseaban pasodobles.
Se han muerto todos los pasodobles de España
Se han muerto los ajos y las ñoras.
Se han muerto las aceitunas y las cañas.
Y me fui tan tranquilo.
Y se me olvidó, en un bolsillo, un puñado de besos.
Y me fui tan tranquilo.
Se han muerto dos personas maravillosas
Se han muerto durmiendo con las pecheras rotas.
A ROSARIO “Morena”
Se han muerto los lunares de sus brazos.
Se han muerto sus campos y sus trabajos.
Se han muerto sus tres olivos por no saber olvidarlo.
Se han muerto los casetes de moros y cristianos.
Se han muerto los desfiles improvisados.
Se han muerto las orejas pequeñas.
Se han muerto los ojos de pillo y la nariz aguileña.
Se han muerto las heridas en la cabeza
De ir siempre sacando pecho con noventa años.
Se han muerto noventa y tres años.
Se han muerto diez y ocho cumpleaños.
Se han muerto los soles y las lunas de los mil reyes magos.
Se han muerto sus perros pulgosos
Se han muerto sus vecinos piojosos
Se han muerto sus regañinas, sus gritos, sus enfados.
Se han muerto sus miedos, sus sonrisas y sus dientes.
Se han muerto los dientes que siseaban pasodobles.
Se han muerto todos los pasodobles de España
Se han muerto los ajos y las ñoras.
Se han muerto las aceitunas y las cañas.
Y me fui tan tranquilo.
Y se me olvidó, en un bolsillo, un puñado de besos.
Y me fui tan tranquilo.
Se han muerto dos personas maravillosas
Se han muerto durmiendo con las pecheras rotas.