El silencio otorga

José rubiel Amaya Amaya

Poeta asiduo al portal
Me miró como lanzando
todo el fuego de sus ojos,
pero el hielo del silencio
se lo apagó en un instante.

De sus ojos escaparon,
ésos mágicos fulgores,
y al sentirlos cual la queja
me subieron los rubores.

Me sentí como el pequeño
indefenso y regañado,
y entre dientes masculle,
que pena, la he embarrado.

Aparece la impotencia
ante el hecho que es fortuito,
que te deja sin palabras,
y un tanto pasmadito.

Atiné, un poco atento,
a presentar las disculpas,
que se parecen a un ruego
ante el hecho que te inculpan.
 
Última edición:
Me miró como lanzando
todo el fuego de sus ojos,
pero el hilelo del silencio
se lo apagó en un instante.

De sus ojos escaparon,
ésos mágicos fulgores,
y al sentirlos cual la queja
me subieron los rubores.

Me sentí como el pequeño
indefenso y regañado,
y entre dientes masculle,
que pena, la he embarrado.

Aparece la impotencia
ante el hecho que es fortuito,
que te deja sin palabras,
y un tanto pasmadito.

Atiné, un poco atento,
a presentar las disculpas,
que se parecen a un ruego
ante el hecho que te inculpan.
Bella manera de expresar ese momento, sensible y certera escritura la tuya amigo José. Un abrazo. Paco.
 

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