Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
Al salir a caminar ella ha sentido,
las entrañas ceñirsele en el vientre,
sabe su rumbo en la noche perdido,
y teme que nunca nadie más la encuentre.
Desde la penumbra la luz del ocaso,
por el campo parece acompañarla,
de este miedo al miedo de paso en paso,
como si la noche quisiera atraparla.
Un lánguido susurro que perturba
deshilando el aire del camino,
mientra que su pie pisa la turba
aproximando el alma a su destino.
Un lamento nocturno que retumba,
en la sombra temida y más oscura,
que piensa ancho y fondo de su tumba,
mientras mide el largo de su hechura.
Un vivido silbido a las espaldas,
caminando acompañada por temblores,
enjugan sus dos ojos esmeraldas,
en los jugos que acompañan los temores.
Será presa y la hallarán bajo la encina,
de la locura que el hombre tiene a veces,
de la bestia que a la espalda le camina,
o del propio temor que le acontece.
las entrañas ceñirsele en el vientre,
sabe su rumbo en la noche perdido,
y teme que nunca nadie más la encuentre.
Desde la penumbra la luz del ocaso,
por el campo parece acompañarla,
de este miedo al miedo de paso en paso,
como si la noche quisiera atraparla.
Un lánguido susurro que perturba
deshilando el aire del camino,
mientra que su pie pisa la turba
aproximando el alma a su destino.
Un lamento nocturno que retumba,
en la sombra temida y más oscura,
que piensa ancho y fondo de su tumba,
mientras mide el largo de su hechura.
Un vivido silbido a las espaldas,
caminando acompañada por temblores,
enjugan sus dos ojos esmeraldas,
en los jugos que acompañan los temores.
Será presa y la hallarán bajo la encina,
de la locura que el hombre tiene a veces,
de la bestia que a la espalda le camina,
o del propio temor que le acontece.
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