InusitadaIrrealidad
Poeta recién llegado
¡Ay mísera de mí y ay infelices los otros!.
Querido Nadie:
Apurar cielos pretendo, más sólo tierra cabe en mis manos. He oído de los bálsamos y ungüentos, de pócimas secretas, susurros y rumores que al caer la noche se ciernen sobre uno como alimañas o bestias mundanas vestidas de hombres.
Encontrar un alma completa, o completar un alma encontrada, un alma encontrar.
Muy a mí pesar, la tarea se vuelve ardua y por momentos ecuación de tercer grado, ese profundo grado, que no se resuelve nunca, ese nudo que nunca es desatado.
¡Mas que son si no los ideales, sino precisamente ideas que se tienen sobre algo, y jamás se alcanzan!. Así yo, distingo entre la nube y los erizos, el brusco aleteo del pelícano, y el leve rubor que deja la mariposa de acero.
Aquí, es donde me hallo, en el punto exacto, donde ni avanzar, ni retroceder se puede ya, me paro y observo el otro punto azul, y el otro rojo, y desentono amarilla en las fauces de verdes bosques plagados de lobos y caperucitas. Desentonar la melodía perfecta de la vida, y volverla peonía o algarabía, fortaleza reseca de pozos profundos, manantiales que corretean libremente por los afluentes de almas que no desemboquen en mar, si no en otro río, y río pletórica y alma.
¡Ay mísera de mí, y ay infelices los otros!.
Querido Nadie:
Apurar cielos pretendo, más sólo tierra cabe en mis manos. He oído de los bálsamos y ungüentos, de pócimas secretas, susurros y rumores que al caer la noche se ciernen sobre uno como alimañas o bestias mundanas vestidas de hombres.
Encontrar un alma completa, o completar un alma encontrada, un alma encontrar.
Muy a mí pesar, la tarea se vuelve ardua y por momentos ecuación de tercer grado, ese profundo grado, que no se resuelve nunca, ese nudo que nunca es desatado.
¡Mas que son si no los ideales, sino precisamente ideas que se tienen sobre algo, y jamás se alcanzan!. Así yo, distingo entre la nube y los erizos, el brusco aleteo del pelícano, y el leve rubor que deja la mariposa de acero.
Aquí, es donde me hallo, en el punto exacto, donde ni avanzar, ni retroceder se puede ya, me paro y observo el otro punto azul, y el otro rojo, y desentono amarilla en las fauces de verdes bosques plagados de lobos y caperucitas. Desentonar la melodía perfecta de la vida, y volverla peonía o algarabía, fortaleza reseca de pozos profundos, manantiales que corretean libremente por los afluentes de almas que no desemboquen en mar, si no en otro río, y río pletórica y alma.
¡Ay mísera de mí, y ay infelices los otros!.