Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Le miré caminar sin prisa, mientras el aire rozaba su camisa.
Se sentó un tanto encorvado cómo si sus hombros ya no
pudieran con todo lo que han acumulado.
Hablaba un poco enojado cómo reclamándole por
haberlo abandonado.
Escuché un lamento que llegó y se marcho con el viento.
Detrás venia un sollozo de aquel anciano buen mozo.
Respiraba tristeza y soledad contagiándome su necesidad.
Qua a hacer? te pregunte asustada,
acaso puedo acercarme cómo si nada?
Toqué tu nombre con mi mano,
buscando apoyo ante lo humano.
Qué podría decirle sin asustarlo,
que tal si piensa que quiero asaltarlo?
Definitivamente no podía invadir su privacidad,
el código del panteón es "no molestar"
Aunque quizá podría marcharme del lugar
pero es que vine contigo a platicar.
Cómo podría poderlo consolar? si yo necesito consuelo
desde que tú no estás.
Me paré tocando tu nombre una vez más,
y te sonreí en silencio sin mirar.
Caminé hasta él sin dudar y abrí mis brazos sin pensar.
Me miró a los ojos sin hablar y lloró conmigo sin cesar.
Quien consoló a quien? No lo puedo recordar...
Abracé a un extraño del lugar que lloraba en una tumba su pesar.
Pero, lo que si te puedo confesar, es que es extraordinario
dejarse consolar.
Se sentó un tanto encorvado cómo si sus hombros ya no
pudieran con todo lo que han acumulado.
Hablaba un poco enojado cómo reclamándole por
haberlo abandonado.
Escuché un lamento que llegó y se marcho con el viento.
Detrás venia un sollozo de aquel anciano buen mozo.
Respiraba tristeza y soledad contagiándome su necesidad.
Qua a hacer? te pregunte asustada,
acaso puedo acercarme cómo si nada?
Toqué tu nombre con mi mano,
buscando apoyo ante lo humano.
Qué podría decirle sin asustarlo,
que tal si piensa que quiero asaltarlo?
Definitivamente no podía invadir su privacidad,
el código del panteón es "no molestar"
Aunque quizá podría marcharme del lugar
pero es que vine contigo a platicar.
Cómo podría poderlo consolar? si yo necesito consuelo
desde que tú no estás.
Me paré tocando tu nombre una vez más,
y te sonreí en silencio sin mirar.
Caminé hasta él sin dudar y abrí mis brazos sin pensar.
Me miró a los ojos sin hablar y lloró conmigo sin cesar.
Quien consoló a quien? No lo puedo recordar...
Abracé a un extraño del lugar que lloraba en una tumba su pesar.
Pero, lo que si te puedo confesar, es que es extraordinario
dejarse consolar.