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Tres primaveras (Seguidillas)

Jara blanca

Poeta recién llegado
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Tres primaveras

Tan sólo floreciste
tres primaveras.
¡Malditos los fusiles,
maldita guerra!
Tu cuerpo frío,
acunado en mis brazos
lo siento vivo.

Las delicadas joyas
de tus mejillas
son dos pálidas rosas;
niegan la vida,
las voy regando
con gotas de rocío;
callado llanto.

Blanca como la luna
te has elevado,
dejas mi alma entre brumas,
triste y llorando.
En la negrura
del dolor por tu muerte
mi pena hurga.

Tu cuerpo fue mi escudo
sin yo quererlo,
todo se volvió oscuro
temblé de miedo,
mi pecho ardía;
y tu sangre en mi sangre
estremecida.

Fui tu cuna y tu casa
por nueve meses,
te mecí en mis entrañas
miles de veces...
Te di la vida;
deja que te acompañe
me necesitas.

Una casa en las nubes
te hace tu madre,
miles de estrellas lucen
y de amor arden.
Estoy contigo
no recorrerás sola
este camino.

Será un camino bello,
toma mi mano.
¿Ves la luz a lo lejos?
Hasta ella vamos.
Mi niña ríe,
con ella van jugando
dos querubines.

Vamos por el camino
que al cielo lleva,
hay flores en racimos
huele a canela.
Ven, dame un beso,
que un beso tuyo vale
mil universos.

Ya estás mi niña guapa
junto a Dios padre,
Él te acoge en su casa;
yo he de marcharme...
Nunca te olvides,
del amor de tu madre;
en el que vives.

Jara Blanca
 
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Tres primaveras

Tan sólo floreciste
tres primaveras.
¡Malditos los fusiles,
maldita guerra!
Tu cuerpo frío,
acunado en mis brazos
lo siento vivo.


Las delicadas joyas
de tus mejillas
son dos pálidas rosas;
niegan la vida,
las voy regando
con gotas de rocío;
callado llanto.


Blanca como la luna
te has elevado,
dejas mi alma entre brumas,
triste y llorando.
En la negrura
del dolor por tu muerte
mi pena hurga.


Tu cuerpo fue mi escudo
sin yo quererlo,
todo se volvió oscuro
temblé de miedo,
mi pecho ardía;
y tu sangre en mi sangre
estremecida.


Fui tu cuna y tu casa
por nueve meses,
te mecí en mis entrañas
miles de veces...
Te di la vida;
deja que te acompañe
me necesitas.


Una casa en las nubes
te hace tu madre,
miles de estrellas lucen
y de amor arden.
Estoy contigo
no recorrerás sola
este camino.


Será un camino bello,
toma mi mano.
¿Ves la luz a lo lejos?
Hasta ella vamos.
Mi niña ríe,
con ella van jugando
dos querubines.


Vamos por el camino
que al cielo lleva,
hay flores en racimos
huele a canela.
Ven, dame un beso,
que un beso tuyo vale
mil universos.


Ya estás mi niña guapa
junto a Dios padre,
Él te acoge en su casa;
yo he de marcharme...
Nunca te olvides,
del amor de tu madre;
en el que vives.


Jara Blanca

Sí señora, unas seguidillas muy bien elaboradas en ese juego perfecto de heptasílabos y pentasílabos. Es un poema triste de esos que a mí me costaría escribir por mi pánico obsesivo hacia la muerte. Pero sin duda, sabe llegar al corazón. Te felicito una vez más por tu innato talento que según veo es versátil y sabe tocar todos los palos.

Un cordial saludo.

Mouse
 
Última edición:
Sí señora, unas seguidillas muy bien elaboradas en ese juego perfecto de heptasílabos y pentasílabos. Es un poema triste de esos que a mí me costaría escribir por mi pánico obsesivo hacia la muerte. Pero sin duda, sabe llegar al corazón. Te felicito una vez más por tu innato tanto que según veo es versátil y sabe tocar todos los palos.

Un cordial saludo.

Mouse
Muchas gracias, amigo. Me alegra infinito que te gusten, de veras.
Saludos.
 
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Tres primaveras

Tan sólo floreciste
tres primaveras.
¡Malditos los fusiles,
maldita guerra!
Tu cuerpo frío,
acunado en mis brazos
lo siento vivo.


Las delicadas joyas
de tus mejillas
son dos pálidas rosas;
niegan la vida,
las voy regando
con gotas de rocío;
callado llanto.


Blanca como la luna
te has elevado,
dejas mi alma entre brumas,
triste y llorando.
En la negrura
del dolor por tu muerte
mi pena hurga.


Tu cuerpo fue mi escudo
sin yo quererlo,
todo se volvió oscuro
temblé de miedo,
mi pecho ardía;
y tu sangre en mi sangre
estremecida.


Fui tu cuna y tu casa
por nueve meses,
te mecí en mis entrañas
miles de veces...
Te di la vida;
deja que te acompañe
me necesitas.


Una casa en las nubes
te hace tu madre,
miles de estrellas lucen
y de amor arden.
Estoy contigo
no recorrerás sola
este camino.


Será un camino bello,
toma mi mano.
¿Ves la luz a lo lejos?
Hasta ella vamos.
Mi niña ríe,
con ella van jugando
dos querubines.


Vamos por el camino
que al cielo lleva,
hay flores en racimos
huele a canela.
Ven, dame un beso,
que un beso tuyo vale
mil universos.


Ya estás mi niña guapa
junto a Dios padre,
Él te acoge en su casa;
yo he de marcharme...
Nunca te olvides,
del amor de tu madre;
en el que vives.


Jara Blanca
c052830.jpeg

Tres primaveras

Tan sólo floreciste
tres primaveras.
¡Malditos los fusiles,
maldita guerra!
Tu cuerpo frío,
acunado en mis brazos
lo siento vivo.


Las delicadas joyas
de tus mejillas
son dos pálidas rosas;
niegan la vida,
las voy regando
con gotas de rocío;
callado llanto.


Blanca como la luna
te has elevado,
dejas mi alma entre brumas,
triste y llorando.
En la negrura
del dolor por tu muerte
mi pena hurga.


Tu cuerpo fue mi escudo
sin yo quererlo,
todo se volvió oscuro
temblé de miedo,
mi pecho ardía;
y tu sangre en mi sangre
estremecida.


Fui tu cuna y tu casa
por nueve meses,
te mecí en mis entrañas
miles de veces...
Te di la vida;
deja que te acompañe
me necesitas.


Una casa en las nubes
te hace tu madre,
miles de estrellas lucen
y de amor arden.
Estoy contigo
no recorrerás sola
este camino.


Será un camino bello,
toma mi mano.
¿Ves la luz a lo lejos?
Hasta ella vamos.
Mi niña ríe,
con ella van jugando
dos querubines.


Vamos por el camino
que al cielo lleva,
hay flores en racimos
huele a canela.
Ven, dame un beso,
que un beso tuyo vale
mil universos.


Ya estás mi niña guapa
junto a Dios padre,
Él te acoge en su casa;
yo he de marcharme...
Nunca te olvides,
del amor de tu madre;
en el que vives.


Jara Blanca
c052830.jpeg

Tres primaveras

Tan sólo floreciste
tres primaveras.
¡Malditos los fusiles,
maldita guerra!
Tu cuerpo frío,
acunado en mis brazos
lo siento vivo.


Las delicadas joyas
de tus mejillas
son dos pálidas rosas;
niegan la vida,
las voy regando
con gotas de rocío;
callado llanto.


Blanca como la luna
te has elevado,
dejas mi alma entre brumas,
triste y llorando.
En la negrura
del dolor por tu muerte
mi pena hurga.


Tu cuerpo fue mi escudo
sin yo quererlo,
todo se volvió oscuro
temblé de miedo,
mi pecho ardía;
y tu sangre en mi sangre
estremecida.


Fui tu cuna y tu casa
por nueve meses,
te mecí en mis entrañas
miles de veces...
Te di la vida;
deja que te acompañe
me necesitas.


Una casa en las nubes
te hace tu madre,
miles de estrellas lucen
y de amor arden.
Estoy contigo
no recorrerás sola
este camino.


Será un camino bello,
toma mi mano.
¿Ves la luz a lo lejos?
Hasta ella vamos.
Mi niña ríe,
con ella van jugando
dos querubines.


Vamos por el camino
que al cielo lleva,
hay flores en racimos
huele a canela.
Ven, dame un beso,
que un beso tuyo vale
mil universos.


Ya estás mi niña guapa
junto a Dios padre,
Él te acoge en su casa;
yo he de marcharme...
Nunca te olvides,
del amor de tu madre;
en el que vives.


Jara Blanca
Amiga Jara, estas seguidillas sin de lo más tierno que he leído.
Viendo el comentario del amigo Mouse, reconozco que tampoco me gusta la muerte, pero sí me gusta la calidad de obras que suele producir, porque sea verídico, literal o metafórico, o pura imaginación de poeta, el artista se sitúa en la piel del que lo sufre, directa o indirectamente y el alma bajo presión de esos sentires profundos, llega a producir alta calidad.
Tus seguidillas las veo perfectas, claras, emotivas y profundas.
Bellas para ser declamadas o para componerles música!!! Felicitaciones amiga por tan buen trabajo!!!
 
Bellísimo trabajo poético, amiga Jara; realmente has sabido llegar al corazón del lector (al mío al menos) con estas tan bien elaboradas seguidillas.

Mi sincera felicitación, poeta.

Un cordial saludo.


Tres primaveras

Tan sólo floreciste
tres primaveras.
¡Malditos los fusiles,
maldita guerra!
Tu cuerpo frío,
acunado en mis brazos
lo siento vivo.


Las delicadas joyas
de tus mejillas
son dos pálidas rosas;
niegan la vida,
las voy regando
con gotas de rocío;
callado llanto.


Blanca como la luna
te has elevado,
dejas mi alma entre brumas,
triste y llorando.
En la negrura
del dolor por tu muerte
mi pena hurga.


Tu cuerpo fue mi escudo
sin yo quererlo,
todo se volvió oscuro
temblé de miedo,
mi pecho ardía;
y tu sangre en mi sangre
estremecida.


Fui tu cuna y tu casa
por nueve meses,
te mecí en mis entrañas
miles de veces...
Te di la vida;
deja que te acompañe
me necesitas.


Una casa en las nubes
te hace tu madre,
miles de estrellas lucen
y de amor arden.
Estoy contigo
no recorrerás sola
este camino.


Será un camino bello,
toma mi mano.
¿Ves la luz a lo lejos?
Hasta ella vamos.
Mi niña ríe,
con ella van jugando
dos querubines.


Vamos por el camino
que al cielo lleva,
hay flores en racimos
huele a canela.
Ven, dame un beso,
que un beso tuyo vale
mil universos.


Ya estás mi niña guapa
junto a Dios padre,
Él te acoge en su casa;
yo he de marcharme...
Nunca te olvides,
del amor de tu madre;
en el que vives.


Jara Blanca
 
Bellísimo trabajo poético, amiga Jara; realmente has sabido llegar al corazón del lector (al mío al menos) con estas tan bien elaboradas seguidillas.

Mi sincera felicitación, poeta.

Un cordial saludo.
Muchas gracias, amigo.
Feliz día.
 
Amiga Jara, estas seguidillas sin de lo más tierno que he leído.
Viendo el comentario del amigo Mouse, reconozco que tampoco me gusta la muerte, pero sí me gusta la calidad de obras que suele producir, porque sea verídico, literal o metafórico, o pura imaginación de poeta, el artista se sitúa en la piel del que lo sufre, directa o indirectamente y el alma bajo presión de esos sentires profundos, llega a producir alta calidad.
Tus seguidillas las veo perfectas, claras, emotivas y profundas.
Bellas para ser declamadas o para componerles música!!! Felicitaciones amiga por tan buen trabajo!!!
A mí tampoco me gusta la muerte, pero en este poema lo que quiero es mostrar el infinito dolor de las guerras, esas que vemos por televisión como si fueran ciencia ficción, pero son reales y producen daños tan irreparables como inútiles.
Abracisimos.
 

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