Incrustado en el pabilo
de la tarde
observo el polvo de las rocas
entrando por la soledad
de las calles antes de ser
perfume y arambel.
Las sombras exhalan fumarolas
en la punta de un verbo crepuscular.
Y allí junto a la sábana púrpura
un baúl de éxtasis y agonía
se acomoda a un diluvio de aleluyas.
Mis ansias insisten en respirarla
cuajarla entre mis sueños
batirla entre mis locuras
mecerla en una ventana silente
con olor a bailarinas nocturnas.
Sigo a la sombra que me devuelve
a sus brazos de avecillas
y a su plumaje azul
que aprisiona en sus poros
un escapulario de bucólicos pastores
cuando el prisma de sus restos cristalinos
blande nitrosas nostalgias
y las nubes huelen
a pájaros mojados.
EBAN
( Julio 2018 )