En el lugar eterno de la ausencia.

Engel

SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA

Vídeo y texto (Engel)
Voz (Hallie)​


Hay acaso palabras que pueden abrir ciudades y cerrarlas, pero no las conozco. Yo voy sumando las mías al silencio, con el sentimiento receptivo como una hoja de papel en blanco. Escribo aquello que dicta el pensamiento en su murmullo, en su silencio de pájaro, mientras la lluvia me va llenado los pulmones de algo que es un dolor en todo semejante a la alegría.
Esta ciudad desmedida de cansancio anda pidiendo versos a sangre abierta. Es tiempo de clausura entre sus calles. Cuando llega el silencio demanda cobertura para hacerse escuchar. Se encuentra en el lugar eterno de la ausencia. Es un lugar inesperado en el que la vida se parece bastante al camino azul de las estrellas. Es como la luz de un sueño. Es nuestra conciencia de ser y ese amor imparable a lo que nos rodea. O quizás la ciudad es, en definitiva, un simple pequeño homenaje, imperfecto siempre, al brillo de unos ojos, a la luz compañera de otra vida.

Mis jirones de insomnio se han estremecido y las calles que creía olvidadas ahora me reclaman, entonces regreso torpemente a su regazo. Será por entregarme a lo imposible y hacer de cada día un bumerán de regreso hacia el futuro.
Para que exista no es necesario haber nacido. Un estallido espontáneo libera el rastro de vida que hemos de seguir. La ciudad de todas partes habita en negativo en los espacios vacíos de los días y captura en la noche entre los sueños, las palabras entorno a lo garganta del olvido.
No hay un latido en mí que no responda al eco de su interior en lo profundo. En la amplitud discreta del aire, la vida se desplaza de una grieta a otra. Hay un presentimiento de bostezo huracanado, un sabor a óxido y clorofila en la expansión en fuga de la naturaleza.
De la ciudad se sale igual que de un recuerdo. No llueve ni hace frío, no habla el viento. No hay día ni noche, no hay tiempo ni espacio. Es la forma límite de la belleza, la que no se puede nombrar. Y hay que entrar en ella.
 
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Voz (Hallie)​


Hay acaso palabras que pueden abrir ciudades y cerrarlas, pero no las conozco. Yo voy sumando las mías al silencio, con el sentimiento receptivo como una hoja de papel en blanco. Escribo aquello que dicta el pensamiento en su murmullo, en su silencio de pájaro, mientras la lluvia me va llenado los pulmones de algo que es un dolor en todo semejante a la alegría.
Esta ciudad desmedida de cansancio anda pidiendo versos a sangre abierta. Es tiempo de clausura entre sus calles. Cuando llega el silencio demanda cobertura para hacerse escuchar. Se encuentra en el lugar eterno de la ausencia. Es un lugar inesperado en el que la vida se parece bastante al camino azul de las estrellas. Es como la luz de un sueño. Es nuestra conciencia de ser y ese amor imparable a lo que nos rodea. O quizás la ciudad es, en definitiva, un simple pequeño homenaje, imperfecto siempre, al brillo de unos ojos, a la luz compañera de otra vida.

Mis jirones de insomnio se han estremecido y las calles que creía olvidadas ahora me reclaman, entonces regreso torpemente a su regazo. Será por entregarme a lo imposible y hacer de cada día un bumerán de regreso hacia el futuro.
Para que exista no es necesario haber nacido. Un estallido espontáneo libera el rastro de vida que hemos de seguir. La ciudad de todas partes habita en negativo en los espacios vacíos de los días y captura en la noche entre los sueños, las palabras entorno a lo garganta del olvido.
No hay un latido en mí que no responda al eco de su interior en lo profundo. En la amplitud discreta del aire, la vida se desplaza de una grieta a otra. Hay un presentimiento de bostezo huracanado, un sabor a óxido y clorofila en la expansión en fuga de la naturaleza.
De la ciudad se sale igual que de un recuerdo. No llueve ni hace frío, no habla el viento. No hay día ni noche, no hay tiempo ni espacio. Es la forma límite de la belleza, la que no se puede nombrar. Y hay que entrar en ella.



La ciudad en su estado más melancólico.

Me gusta cuando dices "Esta ciudad desmedida de cansancio anda pidiendo versos a sangre abierta" es una bella metáfora del óxido en el que se han estancado las emociones, las relaciones, el calor y la vida.

"Para que exista no es necesario haber nacido" Lo traduzco como un sueño cuyo nacimiento no es palpable aunque sea real
"la vida se desplaza de una grieta a otra." y el caos emerge...

Gran trabajo de composición enriquecido con la dulce voz de Hallie, sin duda una excelente compañera de asfalto y sueños. Felicidades a ambos.

Un gran abrazo!

Palmira
 
La ciudad en su estado más melancólico.

Me gusta cuando dices "Esta ciudad desmedida de cansancio anda pidiendo versos a sangre abierta" es una bella metáfora del óxido en el que se han estancado las emociones, las relaciones, el calor y la vida.

"Para que exista no es necesario haber nacido" Lo traduzco como un sueño cuyo nacimiento no es palpable aunque sea real
"la vida se desplaza de una grieta a otra." y el caos emerge...

Gran trabajo de composición enriquecido con la dulce voz de Hallie, sin duda una excelente compañera de asfalto y sueños. Felicidades a ambos.

Un gran abrazo!

Palmira

Saludos Palmira.
Quedo muy agradecido por tu hermosa y cálida compañía. Felices Fiestas Navideñas.
 
libro-y-rosa-jpg.31607



Prosa del MES


(Seleccionada por la administración entre las propuestas remitidas por moderadores y/o usuarios)


Muchas FELICIDADES
MUNDOPOESIA.COM
 

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Voz (Hallie)​


Hay acaso palabras que pueden abrir ciudades y cerrarlas, pero no las conozco. Yo voy sumando las mías al silencio, con el sentimiento receptivo como una hoja de papel en blanco. Escribo aquello que dicta el pensamiento en su murmullo, en su silencio de pájaro, mientras la lluvia me va llenado los pulmones de algo que es un dolor en todo semejante a la alegría.
Esta ciudad desmedida de cansancio anda pidiendo versos a sangre abierta. Es tiempo de clausura entre sus calles. Cuando llega el silencio demanda cobertura para hacerse escuchar. Se encuentra en el lugar eterno de la ausencia. Es un lugar inesperado en el que la vida se parece bastante al camino azul de las estrellas. Es como la luz de un sueño. Es nuestra conciencia de ser y ese amor imparable a lo que nos rodea. O quizás la ciudad es, en definitiva, un simple pequeño homenaje, imperfecto siempre, al brillo de unos ojos, a la luz compañera de otra vida.

Mis jirones de insomnio se han estremecido y las calles que creía olvidadas ahora me reclaman, entonces regreso torpemente a su regazo. Será por entregarme a lo imposible y hacer de cada día un bumerán de regreso hacia el futuro.
Para que exista no es necesario haber nacido. Un estallido espontáneo libera el rastro de vida que hemos de seguir. La ciudad de todas partes habita en negativo en los espacios vacíos de los días y captura en la noche entre los sueños, las palabras entorno a lo garganta del olvido.
No hay un latido en mí que no responda al eco de su interior en lo profundo. En la amplitud discreta del aire, la vida se desplaza de una grieta a otra. Hay un presentimiento de bostezo huracanado, un sabor a óxido y clorofila en la expansión en fuga de la naturaleza.
De la ciudad se sale igual que de un recuerdo. No llueve ni hace frío, no habla el viento. No hay día ni noche, no hay tiempo ni espacio. Es la forma límite de la belleza, la que no se puede nombrar. Y hay que entrar en ella.

Melancolia frente a ese cansancio de ver que los alfileres de la verdad
han roto las emociones, posiblemente las relaciones y todo lo que da
sentido a la vida. haber nacido quizas en un sueño es lo que desplaza
el verdadero sentido del recorrido vital. excelente. saludos de luzyabsenta
 

Vídeo y texto (Engel)
Voz (Hallie)​


Hay acaso palabras que pueden abrir ciudades y cerrarlas, pero no las conozco. Yo voy sumando las mías al silencio, con el sentimiento receptivo como una hoja de papel en blanco. Escribo aquello que dicta el pensamiento en su murmullo, en su silencio de pájaro, mientras la lluvia me va llenado los pulmones de algo que es un dolor en todo semejante a la alegría.
Esta ciudad desmedida de cansancio anda pidiendo versos a sangre abierta. Es tiempo de clausura entre sus calles. Cuando llega el silencio demanda cobertura para hacerse escuchar. Se encuentra en el lugar eterno de la ausencia. Es un lugar inesperado en el que la vida se parece bastante al camino azul de las estrellas. Es como la luz de un sueño. Es nuestra conciencia de ser y ese amor imparable a lo que nos rodea. O quizás la ciudad es, en definitiva, un simple pequeño homenaje, imperfecto siempre, al brillo de unos ojos, a la luz compañera de otra vida.

Mis jirones de insomnio se han estremecido y las calles que creía olvidadas ahora me reclaman, entonces regreso torpemente a su regazo. Será por entregarme a lo imposible y hacer de cada día un bumerán de regreso hacia el futuro.
Para que exista no es necesario haber nacido. Un estallido espontáneo libera el rastro de vida que hemos de seguir. La ciudad de todas partes habita en negativo en los espacios vacíos de los días y captura en la noche entre los sueños, las palabras entorno a lo garganta del olvido.
No hay un latido en mí que no responda al eco de su interior en lo profundo. En la amplitud discreta del aire, la vida se desplaza de una grieta a otra. Hay un presentimiento de bostezo huracanado, un sabor a óxido y clorofila en la expansión en fuga de la naturaleza.
De la ciudad se sale igual que de un recuerdo. No llueve ni hace frío, no habla el viento. No hay día ni noche, no hay tiempo ni espacio. Es la forma límite de la belleza, la que no se puede nombrar. Y hay que entrar en ella.
Profundidad. Introspección para un análisis tan certero a tu pensamiento.
Necesario para replantear lo vivido y mirar hacia lo que aún no se ha visto.
Has ganado un Reconocimiento y te felicito por ello. Para mi gusto personal,
has sido siempre mi favorito en este tipo de escritura. Abrazos Engel. Felicidades.
 

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