charlie ía
tru váyolens
x
desde la muralla lo observo.
conducir por cualquier calle
es recorrer el barrio chino
de blade runner.
algo extraño
terminar el café tras la polución calcárea
de unas oficinas ficticias:
la aberrante cobardía de la consciencia,
sujetando con esperanza los barrotes
de los esqueletos que se acumulan.
¿decidirán los extraños si somos la paz o la guerra
o si somos un beso o el temor o el tremor de la noche
hasta que el ataque sobre el vino
sea inminente?
somos extraños.
xx
un goteo insistente desde el techo.
un goteo exacto perforando la fibra
que hace que te aplastés sobre la silla reclinable,
como si un coloso invisible
te empujara con toda la fuerza
de su mano contra el suelo.
he subido ya al infierno,
y he bajado al desierto
del amor estéreo.
he visto al océano tragarse el río
y la inmensidad de las estrellas,
y a la noche espacial
cada gota del mar.
kabrakán no destruye
estas casas indígenas marcadas
ni sus ritos ceremoniales.
no es marko polo el que bloquea los accesos
atravesando la carretera con sus camionetas sin placa,
esperando hacer trizas
a la ciudad amurallada.
no. la policía que dispara
ha subido ya al infierno,
y ha bajado al desierto
del amor estéreo.
es la policía que apunta al pecho
al corazón
al pensamiento.
es la policía que te va a disparar.
xxx
rachael
escuchá las sirenas que desde la distancia
llaman a los incautos,
como si de una mujer mayor se tratase
presentándose a la puerta con una caja de condones.
simulan amar a los incautos con sus rpg-7
y sus adorables m-16 asomándose por la ventana.
las sirenas los atraen
rachael,
hacia las alturas
de los semáforos,
para quedar paralizados por el vértigo:
cuando la caravana de paramilitares
pase
a toda velocidad.
para que todos puedan quedar paralizados
por el vértigo del amor
van a deshacer los muros y las vidas y las flores
a toda velocidad,
arrojando sus restos a la misma pira
donde ya crepitan la esperanzas de los pobres.
este es el fuego de la velocidad rachael
que nunca quisiste reconocer
que habías soñado
la primera vez que abriste los ojos para ver el cielo.
pero rachael:
este mundo tecnológico no va
del alcohol desvaneciéndose.
estas canciones
solo hablan de los que han quedado tirados
con el cráneo rajado
y los ojos bien abiertos,
entre los charcos de sangre
que intentan tragarse a las estrellas.
desde la muralla lo observo.
conducir por cualquier calle
es recorrer el barrio chino
de blade runner.
algo extraño
terminar el café tras la polución calcárea
de unas oficinas ficticias:
la aberrante cobardía de la consciencia,
sujetando con esperanza los barrotes
de los esqueletos que se acumulan.
¿decidirán los extraños si somos la paz o la guerra
o si somos un beso o el temor o el tremor de la noche
hasta que el ataque sobre el vino
sea inminente?
somos extraños.
xx
un goteo insistente desde el techo.
un goteo exacto perforando la fibra
que hace que te aplastés sobre la silla reclinable,
como si un coloso invisible
te empujara con toda la fuerza
de su mano contra el suelo.
he subido ya al infierno,
y he bajado al desierto
del amor estéreo.
he visto al océano tragarse el río
y la inmensidad de las estrellas,
y a la noche espacial
cada gota del mar.
kabrakán no destruye
estas casas indígenas marcadas
ni sus ritos ceremoniales.
no es marko polo el que bloquea los accesos
atravesando la carretera con sus camionetas sin placa,
esperando hacer trizas
a la ciudad amurallada.
no. la policía que dispara
ha subido ya al infierno,
y ha bajado al desierto
del amor estéreo.
es la policía que apunta al pecho
al corazón
al pensamiento.
es la policía que te va a disparar.
xxx
rachael
escuchá las sirenas que desde la distancia
llaman a los incautos,
como si de una mujer mayor se tratase
presentándose a la puerta con una caja de condones.
simulan amar a los incautos con sus rpg-7
y sus adorables m-16 asomándose por la ventana.
las sirenas los atraen
rachael,
hacia las alturas
de los semáforos,
para quedar paralizados por el vértigo:
cuando la caravana de paramilitares
pase
a toda velocidad.
para que todos puedan quedar paralizados
por el vértigo del amor
van a deshacer los muros y las vidas y las flores
a toda velocidad,
arrojando sus restos a la misma pira
donde ya crepitan la esperanzas de los pobres.
este es el fuego de la velocidad rachael
que nunca quisiste reconocer
que habías soñado
la primera vez que abriste los ojos para ver el cielo.
pero rachael:
este mundo tecnológico no va
del alcohol desvaneciéndose.
estas canciones
solo hablan de los que han quedado tirados
con el cráneo rajado
y los ojos bien abiertos,
entre los charcos de sangre
que intentan tragarse a las estrellas.
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