Aldonza Lorenzo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me toca.
Llegaste disfrazado de caballero brillante con armadura.
Me sonreías y yo me derretia como esos hielos del Sabina.
Eras tan jodidamente atrayente que morí en el mismo instante en que me metiste la lengua hasta la campanilla.
Era tuya.
Tan tuya que me cosiste a tu sombra.
Tan tuya y tan idiota que no pude asesinarte cuando dije para y no paraste.
Cerré los ojos.
Apreté puños y desapareci en ese instante.
Y todavía dices que eso es amor
Yo sólo puedo llamarte cabrón.
Gracias
Llegaste disfrazado de caballero brillante con armadura.
Me sonreías y yo me derretia como esos hielos del Sabina.
Eras tan jodidamente atrayente que morí en el mismo instante en que me metiste la lengua hasta la campanilla.
Era tuya.
Tan tuya que me cosiste a tu sombra.
Tan tuya y tan idiota que no pude asesinarte cuando dije para y no paraste.
Cerré los ojos.
Apreté puños y desapareci en ese instante.
Y todavía dices que eso es amor
Yo sólo puedo llamarte cabrón.
Gracias