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En una tarde de estío
ataviada de frágil primavera,
a orillas del Spree ulula el viento.

Prisioneras de las nubes
escapan algunas gotas disidentes.

Ante la inmensidad que nos rodea,
respondemos con la contemplación;
es el tiempo de la contemplación y a ella me entrego.

Mujer de azul desgasta su alegría sobre el puente.
(En su día más feliz se está mojando.)
Colores sin patria en armonía junto al muro derrotado
recrean un paisaje decadente con regusto de vanguardia.
El joven con rostro de caballo toca
su eléctrica guitarra.
A su espalda, dos hombres maduros se besan en los labios.

La promiscua urbe no deja de parir austeros edificios.
Miles de grúas afean la ciudad.
Manadas de turistas ocupan las praderas,
atestan los museos, apuran sus cervezas...

El rumor de la fuente de Neptuno
nos recuerda el sabor de los besos
con sabor a lluvia.

La noche se cierne sobre la ciudad;
Alexanderplatz reúne a la banda de corazones solitarios.

De regreso al hotel topamos con una enorme rata muerta.
Es entonces que me acuerdo de Camus,
del doctor Rieux y de Tarrou;
de la solidaridad del hombre
y de su rosario interminable de miserias.
Excelente este poema de experiencias. Creo que ya lo conocía, incluso recitado por ti. Recrea esa atmósfera y transporta a esos lugares.
Un placer, amigo.
Con un abrazo fuerte.
Salva.
 
En una tarde de estío
ataviada de frágil primavera,
a orillas del Spree ulula el viento.

Prisioneras de las nubes
escapan algunas gotas disidentes.

Ante la inmensidad que nos rodea,
respondemos con la contemplación;
es el tiempo de la contemplación y a ella me entrego.

Mujer de azul desgasta su alegría sobre el puente.
(En su día más feliz se está mojando.)
Colores sin patria en armonía junto al muro derrotado
recrean un paisaje decadente con regusto de vanguardia.
El joven con rostro de caballo toca
su eléctrica guitarra.
A su espalda, dos hombres maduros se besan en los labios.

La promiscua urbe no deja de parir austeros edificios.
Miles de grúas afean la ciudad.
Manadas de turistas ocupan las praderas,
atestan los museos, apuran sus cervezas...

El rumor de la fuente de Neptuno
nos recuerda el sabor de los besos
con sabor a lluvia.

La noche se cierne sobre la ciudad;
Alexanderplatz reúne a la banda de corazones solitarios.

De regreso al hotel topamos con una enorme rata muerta.
Es entonces que me acuerdo de Camus,
del doctor Rieux y de Tarrou;
de la solidaridad del hombre
y de su rosario interminable de miserias.


Tras la lectura, me queda un sabor agridulce. Dulce por las imágenes claras y contundentes, agrio por el contenido que derrocha bruma...

Buen poema, sin duda provocador.

Un abrazo.

Palmira
 
En una tarde de estío
ataviada de frágil primavera,
a orillas del Spree ulula el viento.

Prisioneras de las nubes
escapan algunas gotas disidentes.

Ante la inmensidad que nos rodea,
respondemos con la contemplación;
es el tiempo de la contemplación y a ella me entrego.

Mujer de azul desgasta su alegría sobre el puente.
(En su día más feliz se está mojando.)
Colores sin patria en armonía junto al muro derrotado
recrean un paisaje decadente con regusto de vanguardia.
El joven con rostro de caballo toca
su eléctrica guitarra.
A su espalda, dos hombres maduros se besan en los labios.

La promiscua urbe no deja de parir austeros edificios.
Miles de grúas afean la ciudad.
Manadas de turistas ocupan las praderas,
atestan los museos, apuran sus cervezas...

El rumor de la fuente de Neptuno
nos recuerda el sabor de los besos
con sabor a lluvia.

La noche se cierne sobre la ciudad;
Alexanderplatz reúne a la banda de corazones solitarios.

De regreso al hotel topamos con una enorme rata muerta.
Es entonces que me acuerdo de Camus,
del doctor Rieux y de Tarrou;
de la solidaridad del hombre
y de su rosario interminable de miserias.
Un día de estos tengo que ir a Berlin, pero de momento me sirven tus versos en este poema tan urbano como humano, o inhumano tratándose de las urbes.
Aunque sea de campo nací en la ciudad, y nunca dejó de atraerme.
Un placer volver y leerte… con una canción que me viene a la memoria.

Un abrazote y aquí te la dejo:


 
Un día de estos tengo que ir a Berlin, pero de momento me sirven tus versos en este poema tan urbano como humano, o inhumano tratándose de las urbes.
Aunque sea de campo nací en la ciudad, y nunca dejó de atraerme.
Un placer volver y leerte… con una canción que me viene a la memoria.

Un abrazote y aquí te la dejo:


Muchas gracias, poeta. Un abrazo. Recordé la música de la canción al escucharla. Muchas gracias.
 
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