Martín Renán
Poeta adicto al portal
Quema el café
una noche de insomnio;
me hubiera dado por andar
descalzo y
de sueños,
la luna
fotogénica (se) descubre con asombro;
centinela
el cuarto oscuro es para ti.
Más tarde, no servirá de nada
dormir
a las 3am. Crece el temor a ti;
sobre mis raíces, los puños (míos)
y el corazón (tuyo) a pie.
Se escuchó el sonido de una bala
detrás de la puerta.
No todas las sombras
duermen
pensando en el dedo acusador.
Da, este (mi) miedo no se acojona, si anochezco en tus ojos
y si
¿Contara hasta llegar a tu cumpleaños?
Aquí, de madrugada
juntos, nos toca
empujar una que otra hora, la barra de pánico.
No digas a nadie que aprendí a soñar contigo
despierto y de adiós.
Y me dije por qué las horas
atrae
a un mendigo de palabras
en una noche de café e “insomnia”
una noche de insomnio;
me hubiera dado por andar
descalzo y
de sueños,
la luna
fotogénica (se) descubre con asombro;
centinela
el cuarto oscuro es para ti.
Más tarde, no servirá de nada
dormir
a las 3am. Crece el temor a ti;
sobre mis raíces, los puños (míos)
y el corazón (tuyo) a pie.
Se escuchó el sonido de una bala
detrás de la puerta.
No todas las sombras
duermen
pensando en el dedo acusador.
Da, este (mi) miedo no se acojona, si anochezco en tus ojos
y si
¿Contara hasta llegar a tu cumpleaños?
Aquí, de madrugada
juntos, nos toca
empujar una que otra hora, la barra de pánico.
No digas a nadie que aprendí a soñar contigo
despierto y de adiós.
Y me dije por qué las horas
atrae
a un mendigo de palabras
en una noche de café e “insomnia”