Para que no me olvides recojo los vestigios que deja mi vestido de algas y te lo devuelvo como almohada.
Te recito los poemas que nunca he escrito y me levanto de esta alfombra de arena y piedras mojadas.
Ameba
que recorre
los acantilados
de tu espesura
de sal...
Mi rostro palidece como un lirio de papel, hay ventisca en mis pupilas y nada pero nada me dibuja una sonrisa, de esas que miran a babor.
Quizás sea un buen día para abrazar la brisa que aprieta mi garganta, cantarle mis penas al navío que me dejan tus ojos.
Y apretar los dientes para no decirte tantas cosas, pero sinceramente prefiero andar los días con tu recuerdo en mis bolsillos.
Te recito los poemas que nunca he escrito y me levanto de esta alfombra de arena y piedras mojadas.
Ameba
que recorre
los acantilados
de tu espesura
de sal...
Mi rostro palidece como un lirio de papel, hay ventisca en mis pupilas y nada pero nada me dibuja una sonrisa, de esas que miran a babor.
Quizás sea un buen día para abrazar la brisa que aprieta mi garganta, cantarle mis penas al navío que me dejan tus ojos.
Y apretar los dientes para no decirte tantas cosas, pero sinceramente prefiero andar los días con tu recuerdo en mis bolsillos.