Sanmar
Poeta recién llegado
Sus manos se movían acariciando el éter,
esculpiendo una idea para darle forma
y verla crecer dentro de su mente
hasta convertirse en una bella obra.
Los ojos de la gente le miraban impasivos
le juzgaban como a un loco a punto del delirio
pero no estaba más loco que todos esos cuerdos
que decían no estar locos y callaban sus miedos.
Sus manos se movían sobre el polvo fino
dibujando formas sin ningún sentido
dentro de una casa llena de afligidos
donde soñar despierto estaba prohibido.
Los ojos de la gente le miraban con desprecio
con esa soberbia de quién cree hablarle a un necio,
le acusaban de tratarse del demonio mismo
y eran los demás los aferrados al abismo.
Sus dedos perfilaban el contorno de sus obras
que habitaban en cada trozo de su alma honda.
Creó un mundo imaginario sólo para él
y se quedó encerrado tapiando la pared.
De los ojos de la gente caía lluvia seca
al saber que malvivía en una pensión vieja.
La derrota de un pobre hombre desquiciado,
sucedió en un lugar se decía civilizado.
Y como los ángeles aparecen cuando menos los esperas,
llegó un alma cándida que le devolvió quién era...
Le dio herramientas para trabajar su talento
y de aquel loco sólo quedó un vago recuerdo.
esculpiendo una idea para darle forma
y verla crecer dentro de su mente
hasta convertirse en una bella obra.
Los ojos de la gente le miraban impasivos
le juzgaban como a un loco a punto del delirio
pero no estaba más loco que todos esos cuerdos
que decían no estar locos y callaban sus miedos.
Sus manos se movían sobre el polvo fino
dibujando formas sin ningún sentido
dentro de una casa llena de afligidos
donde soñar despierto estaba prohibido.
Los ojos de la gente le miraban con desprecio
con esa soberbia de quién cree hablarle a un necio,
le acusaban de tratarse del demonio mismo
y eran los demás los aferrados al abismo.
Sus dedos perfilaban el contorno de sus obras
que habitaban en cada trozo de su alma honda.
Creó un mundo imaginario sólo para él
y se quedó encerrado tapiando la pared.
De los ojos de la gente caía lluvia seca
al saber que malvivía en una pensión vieja.
La derrota de un pobre hombre desquiciado,
sucedió en un lugar se decía civilizado.
Y como los ángeles aparecen cuando menos los esperas,
llegó un alma cándida que le devolvió quién era...
Le dio herramientas para trabajar su talento
y de aquel loco sólo quedó un vago recuerdo.