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Me bebo el veneno de tu nombre
y nadie,
ni tú,
se da cuenta de que me corroe las entrañas
y, en silencio,
lloro lágrimas por la boca
y vomito sangre por dentro.
Y me rio con los dientes rotos,
con la sonrisa torcida,
y se me llenan los ojos
de todos los putos sueños
que se fueron contigo
y de todas las putas ilusiones
que se quedaron conmigo.
Y fumo y bebo entre extraños
y no hay suficiente tequila ni cáñamo
para quitarme este maldito olor a fracaso
que tanto me recuerda a ti.


La dureza de las palabras está magníficamente acompañada por imágenes, sonido y voz. Felicidades!

Un abrazo,

Palmira
 

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