Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
SUEÑO ETERNO
Una tarde de verano,
cuando el sol bajó del cielo
pintando el mar y las nubes
con su dorado reflejo,
me tumbé sobre la playa
y, con suaves movimientos,
adapté la fina arena
a la forma de mi cuerpo.
La brisa mecía al mar
acompasando mi aliento,
sonaba como una nana
para conciliar el sueño.
Percibí un sosiego inmenso
en ese estado intermedio
que se encuentra donde se unen
la vigilia con el sueño.
Sentí dentro de mí mente
al mar, la tierra y el cielo;
aunque entonces no sentí
la presencia de mi cuerpo,
como en el sueño profundo
o igual que en el sueño eterno.
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