Luis Adolfo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Rememoro un episodio amable de la infancia
— mi sombrero de cowboy y mis pistolas —,
¡qué grata y tierna imagen!
Apenas permanece un instante en mi memoria.
Toma el relevo un vestigio juvenil
anclado en las arenas del recuerdo,
un híspido y monótono discurso
de aquella soledad
impura; surco de tierra baldía,
ceniza apresurada.
La tristeza me incomoda,
y por ello
la invito
amablemente
a abandonar mi alma.
Regreso a mi infancia;
me pongo mi sombrero,
me ajusto el cinturón con cartucheras,
y desenfundo mis pistolas;
no vuelvas forastero
—le digo a mi recuerdo—.
Dos disparos,
acabó todo;
la última vez que pudo ver la luz del alba.
Soy el puto sheriff de mi mente,
forasteros;
yo me encargo
de hacer respetar
la ley y el orden
en este territorio inextricable.
— mi sombrero de cowboy y mis pistolas —,
¡qué grata y tierna imagen!
Apenas permanece un instante en mi memoria.
Toma el relevo un vestigio juvenil
anclado en las arenas del recuerdo,
un híspido y monótono discurso
de aquella soledad
impura; surco de tierra baldía,
ceniza apresurada.
La tristeza me incomoda,
y por ello
la invito
amablemente
a abandonar mi alma.
Regreso a mi infancia;
me pongo mi sombrero,
me ajusto el cinturón con cartucheras,
y desenfundo mis pistolas;
no vuelvas forastero
—le digo a mi recuerdo—.
Dos disparos,
acabó todo;
la última vez que pudo ver la luz del alba.
Soy el puto sheriff de mi mente,
forasteros;
yo me encargo
de hacer respetar
la ley y el orden
en este territorio inextricable.