BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo, que siempre huí de la pureza
de los cánones, de la material vigencia
de antiguos angelotes, de la virginal
presencia de torres y galeotes ignorantes.
Así, me encerré tanto, que ahora, busco,
y simplemente, la belleza, una mezcla,
divergencia, sin llanto, de nuestra mixtura
inacabable. En estos lagos del llanto,
donde la tristeza se almacena en lugares
tan recónditos, como el mueble del aparador,
o en sitios tan sigilosos como la nube televisiva,
acierto a decir, todavía, carne y espíritu de esta
seca, enjuta, febril tierra, siempre dispuesta
a mortificaciones y plurales apariencias.
No está bien el todo. Prefiero y elijo
las partes, no todas, sólo algunas.
Vibraciones incesantes de cada cántico,
opúsculos calientes que fornican en una cópula
de sexo. Y los dientes: y la calle, en abanico,
abierta.
©
de los cánones, de la material vigencia
de antiguos angelotes, de la virginal
presencia de torres y galeotes ignorantes.
Así, me encerré tanto, que ahora, busco,
y simplemente, la belleza, una mezcla,
divergencia, sin llanto, de nuestra mixtura
inacabable. En estos lagos del llanto,
donde la tristeza se almacena en lugares
tan recónditos, como el mueble del aparador,
o en sitios tan sigilosos como la nube televisiva,
acierto a decir, todavía, carne y espíritu de esta
seca, enjuta, febril tierra, siempre dispuesta
a mortificaciones y plurales apariencias.
No está bien el todo. Prefiero y elijo
las partes, no todas, sólo algunas.
Vibraciones incesantes de cada cántico,
opúsculos calientes que fornican en una cópula
de sexo. Y los dientes: y la calle, en abanico,
abierta.
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