Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces… ¡tantas veces!
Cuando todo se vuelve oscuro y denso,
cuando apenas luce la luz interior
y todo se tornan sombras,
cuando el aire se abrasa dentro
y quema el pecho y lo cubre de congoja,
cuando las lágrimas pugnan por salir
y no puedes ni siquiera llorar tu propio llanto.
En esos momentos que extrañas
la mano que se acerca y te aprieta
con el calor humano,
en ese gesto que abarca
desde la amistad a la comprensión.
En el instante en que la soledad
pesa como una losa,
en que la fatiga del día a día parece derrotarte,
en el justo tiempo en que quisieras
pedir ayuda y no hay nadie cercano.
Cuando cierras los ojos a la realidad de hoy,
en un intento de recobrar tiempos idos,
ecos de otras voces que no eran la tuya.
En esos momentos en que gritarías,
pero te faltan las palabras,
no hay voz para tus ansias…
Quisieras saltar vidas, salvar abismos,
viajero que retrocede en las horas
para hallar el tiempo feliz de las risas y los juegos.
Desearías volver a ver lunas,
conjugar luceros,
caminar caminos de estrellas,
navegante de los cielos.
Poder hablar a quien te escuche,
llegar a aquel que tienes cerca,
magia de las palabras,
embrujo que se expresa en verbos,
obrero del idioma que fabrica versos.
Tiempos que fueron,
y viajaron al pasado sin retorno,
dejando la huella de su paso en el recuerdo,
como una música que llega inaprensible,
pero dulce y melodiosa en el oído.
A veces… ¡tantas veces!
quisiera hacer llegar mi voz a ese rincón en que habitas.
Cuando todo se vuelve oscuro y denso,
cuando apenas luce la luz interior
y todo se tornan sombras,
cuando el aire se abrasa dentro
y quema el pecho y lo cubre de congoja,
cuando las lágrimas pugnan por salir
y no puedes ni siquiera llorar tu propio llanto.
En esos momentos que extrañas
la mano que se acerca y te aprieta
con el calor humano,
en ese gesto que abarca
desde la amistad a la comprensión.
En el instante en que la soledad
pesa como una losa,
en que la fatiga del día a día parece derrotarte,
en el justo tiempo en que quisieras
pedir ayuda y no hay nadie cercano.
Cuando cierras los ojos a la realidad de hoy,
en un intento de recobrar tiempos idos,
ecos de otras voces que no eran la tuya.
En esos momentos en que gritarías,
pero te faltan las palabras,
no hay voz para tus ansias…
Quisieras saltar vidas, salvar abismos,
viajero que retrocede en las horas
para hallar el tiempo feliz de las risas y los juegos.
Desearías volver a ver lunas,
conjugar luceros,
caminar caminos de estrellas,
navegante de los cielos.
Poder hablar a quien te escuche,
llegar a aquel que tienes cerca,
magia de las palabras,
embrujo que se expresa en verbos,
obrero del idioma que fabrica versos.
Tiempos que fueron,
y viajaron al pasado sin retorno,
dejando la huella de su paso en el recuerdo,
como una música que llega inaprensible,
pero dulce y melodiosa en el oído.
A veces… ¡tantas veces!
quisiera hacer llegar mi voz a ese rincón en que habitas.